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PLOMO

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PROVOCACIÓN

Del lat.provocatio, -ōnis.
De repente, otra vez Bukowski. Otro poemario encendido. Y otro título, como todos los suyos, provocador. Pirómano. «Tormenta para los vivos y los muertos». Dentro, versos que juegan con quien los lee y atrapan a quien se los cree: «algún día me meteré en una jaula con un oso/ me sentaré y encenderé un cigarrillo/ Le miraré/ y Se sentará y llorará, / 40 miles de millones de personas mirarán en silencio/ mientras el cielo se da la vuelta y/ nos abre/ en canal». Versos de ‘Como en un matamoscas’. Otro poema que te zarandea de Charles, el impávido. Otro poema que te asoma a esta vida no menos desquiciante que su poesía en crudo, sin tapujos. Casi real. Como los días donde azuzan, súbitos, los zarpazos: la muerte inesperada que camina siempre a tu lado –esperando–;  el asesinato horrible de dos niños a mazazos; el loco que secuestra un autobús con escolares y lo termina quemando; la deriva de una política hecha show, donde igual fichan a generales retirados que a…

DILUVIO

El agua empezó a colarse por el hueco, hasta entonces inapreciable, que separaba la puerta del suelo. Entró tímida y enfangada. Suave. Casi inocente. Pocos minutos después, se aceleró. Hasta se hizo brava. Entró por la puerta, por las rendijas de las ventanas, por el techo. El agua comenzó a filtrarse por todos los costados: primero empapando, luego goteando, más tarde fluyendo a borbotones. Desesperada.

Trepó el agua por la casa. Se hizo fuerte entre muebles y enseres. Superó un cajón de la cómoda, se asentó encima del sofá, fue más allá de la mesa y atrapó los libros de la vieja biblioteca. Los libros empezaron a flotar, mientras el agua ocupaba la casa con total libertad. Impunidad. De los libros empezaron a fluir, como víctimas de un naufragio, decenas de páginas mojadas, frases entrelazadas, títulos enteros escritos con letras doradas: mujercitas, las cartas a Theo (que en su día escribió Vicente Van Gogh), tres mosqueteros, un conde de Montecristo. Un diccionario vio sus palabras…

GARABATOS

En el mundo de los políticos y compañía, como si fuera una novela de Agatha Christie, jugaban a los diez negritos eliminando pasito a pasito a los ministros. O intentándolo. Mientras tanto, en el mundo real, una pareja de ancianos, de 70 y pico años eran desahuciados porque la pensión por debajo de 400 euros ya no les daba para más. Por vergüenza al que dirían, se fueron a vivir a un parque casi en secreto. Y allí pasaron los días mirándose en un banco y durmiendo, posiblemente abrazados, bajo un árbol. Mientras el tiempo y la amargura iba pasando de puntillas por su lado.

En el mundo de los políticos y compañía, se reían a carcajadas por la intervención de Donald Trump en la ONU, que aseguraba que en dos años había conseguido más logros que nadie. Mientras, en el mundo real, dos niñas de 6 y 3 años eran asesinadas por su padre de forma salvaje. Y de nuevo, esa crueldad dejaba sobre la mesa la feroz realidad que nos rodea en la que los pequeños son las víctimas de una lacra que no cesa…

SACAPUNTAS

Le encantaban los sacapuntas. Los de metal de toda la vida. Y esos manuales que le das a la manivela y afila el grafito hasta parecer un punzón. Un punzón tan afilado que las palabras salían de él cortantes. Crimen, desamor, estulticia, vergüenza, corrupción, emoción, pasión.
Escribía sangre y con ella montaba una carnicería. Escribía carne y con ella montaba un banquete. Y escribía banquete y montaba una historia en la que un chef de la vieja escuela cocinaba el mejor solomillo Wellington con un delicado puré de patatas al estilo de Robuchon. "Comed queridos, comed", gritaba a sus comensales el cocinero en medio de la algarabía.

Todos ellos eran invitados de excepción para esta historia, en la que un lápiz muy afilado hacía de anfitrión y elegía a quién sentaba a su alrededor. Como si el hecho de poder escribir lo que quisiera, le dotara de un poder extraordinario. El poder de la libertad de expresión: de tener un púlpito desde donde dejar correr las palabras, un estrado desd…

MIS PASEOS CON CHATI

Se llama Chati. (Sí, es cursi; lo sé). Llegó a casa hace unas semanas. Tenía cuatro meses. Patas de medio metro, pelo color canela y una orejas simpáticas. Es mestiza. Podenca y algo más. En el fondo, como todos: sangre de aquí y de allá; del sur y del norte; de abuelo republicano y del abuelo del otro bando; de origen humilde aunque con un tío millonario en América. Mestizos, por todos lados. Un honor. Aunque Hitler y otros locos por la raza nos hubiesen fulminado. Con la mirada. Y algo más.
Su mirada, la de mi mestiza, tiene destello. El brillo de la inocencia, de la gratitud, de sentirse (de pronto) feliz. Aunque en el fondo, también esconde una patina de nostalgia. Por lo vivido, supongo.

A Chati la encontraron deambulando por una autovía, con su madre escuálida y malherida a su lado. Las dos, en medio de la jauría de coches. A su madre, la sacrificaron. Ella, emprendió un nuevo camino a nuestro lado. Y cuando la veo, pienso en ese toque inhumano que, quizás por falta …

LA SONRISA DE LA HIENA

El cantautor se quedó mudo. La voz le dio la espalda. Es como si el lápiz sale por patas de la mano del escritor. Palabras que resbalan de un diccionario. Los colores que escapan de la paleta del pintor. Un verano sin sol, un vaso con bourbon que alguien no se terminó y una canción inacabada.

Es como la vida, a la que los acordes le fallan. La orquesta del cuerpo se resquebraja; desafina el piano de los sentidos; el sonido de la trompeta se oxida; se rompen las cuerdas vocales del tenor que entona el tic tac del reloj que marca el paso de los días. Sólo suena un adagio anunciando el adiós, mientras sientes que te vas esfumando.


Eres una estrofa mínima en la inmensidad de la ópera del olvido. Una maleta perdida. Una postal nunca enviada. Un libro a medias. La tinta que se reseca en el tintero. Una diminuta hormiga a la que le aplasta los pies monstruosos del paso del tiempo.








Los años son, aunque digan lo contrario, puñaladas a largo plazo. De las que quiebran tu piel ya amojamada, de las …