Ir al contenido principal

HOMBRES BURBUJA

De cómo abrí la ventana y se colaron en casa Moody's, Ibex y otros monstruos para acabar conmigo
Siete de la mañana. La luz se filtra por las cortinas. Uno piensa -cómo no-, «hoy puede ser un gran día». Respiro hondo, abro la ventana y, como un huracán, entran en tropel la prima de riesgo y toda una retahíla de fantasmas bursátiles. El sol queda entre tinieblas, un profundo olor a podrido se apodera de la atmósfera y otros monstruos amorfos se cuelan de forma virulenta en casa tras tumbar la puerta blindada.
Moody's, Ipc, Ibex y un tal Frob se abalanzan sobre mi cuello como vampiros y empiezan a engullirme hasta el aliento. La vista se me nubla, la conciencia me abandona y llegan las visiones: acreedores, embargos, hipotecas impagadas, eurozonas decapitadas, quiebras, solvencias, cracks y recracks.
La campana de Wall Street suena como señalando el final del combate y mi cuerpo cae desfallecido en mitad del dormitorio mientras llueven del cielo facturas olvidadas y brotan por mi nariz números ensangrentados. En medio del espectáculo dantesco, aparece un sarnoso hombrecillo con guantes blancos que dice ser el Señor de los Mercados. Toma mi brazo derecho y con una jeringuilla empieza a inyectarme deuda del Estado y copagos incontrolados. Y mientras me mira con su odiosa sonrisa de Joker, mis pensamientos se hunden en medio de una ciénaga putrefacta. «Hoy puede ser un gran día», me repito a mis adentros.
El Señor de los Mercados va inyectando en mi cuerpo una dosis tras otra, mientras yo canturreo y mis venas se hinchan. Cada vez más. Las venas, la cara, el cuerpo. Tanto que en unos instantes ya me ha convertido en una burbuja inmensa. Un grandioso globo que flota por la nada como un zepelín. Y me elevo, y mi cuerpo transformado sale flotando por la ventana del dormitorio, y empieza a subir cada vez más alto por el cielo ennegrecido.
A mis pies, observo un ejército de hombres de gris (como los de Momo), fantasmas que corretean de un lugar a otro, cadáveres que flotan sobre el Volga, cuerpos destrozados en Bombay, un niño descuartizado, el horror africano. y el Señor de los Mercados y sus aprendices encorbatados que van convirtiendo a los humanos en globos a punto de estallar. Millones de globos con alma que deambulan por el cielo y que revientan sin piedad cual burbuja inmobiliaria, mientras de fondo suena mi despertador dispuesto a salvarme de este angustioso delirio. Como siempre, a las siete de la mañana. Cuando la luz se filtra por las cortinas y pienso que hoy puede ser un gran día.
Microbesos de alto riesgo.

'El Comecocos'. Jesús Trelis. LAS PROVINCIAS. 16 de julio de 2011

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIS PASEOS CON CHATI

Se llama Chati. (Sí, es cursi; lo sé). Llegó a casa hace unas semanas. Tenía cuatro meses. Patas de medio metro, pelo color canela y una orejas simpáticas. Es mestiza. Podenca y algo más. En el fondo, como todos: sangre de aquí y de allá; del sur y del norte; de abuelo republicano y del abuelo del otro bando; de origen humilde aunque con un tío millonario en América. Mestizos, por todos lados. Un honor. Aunque Hitler y otros locos por la raza nos hubiesen fulminado. Con la mirada. Y algo más.
Su mirada, la de mi mestiza, tiene destello. El brillo de la inocencia, de la gratitud, de sentirse (de pronto) feliz. Aunque en el fondo, también esconde una patina de nostalgia. Por lo vivido, supongo.

A Chati la encontraron deambulando por una autovía, con su madre escuálida y malherida a su lado. Las dos, en medio de la jauría de coches. A su madre, la sacrificaron. Ella, emprendió un nuevo camino a nuestro lado. Y cuando la veo, pienso en ese toque inhumano que, quizás por falta …

SACAPUNTAS

Le encantaban los sacapuntas. Los de metal de toda la vida. Y esos manuales que le das a la manivela y afila el grafito hasta parecer un punzón. Un punzón tan afilado que las palabras salían de él cortantes. Crimen, desamor, estulticia, vergüenza, corrupción, emoción, pasión.
Escribía sangre y con ella montaba una carnicería. Escribía carne y con ella montaba un banquete. Y escribía banquete y montaba una historia en la que un chef de la vieja escuela cocinaba el mejor solomillo Wellington con un delicado puré de patatas al estilo de Robuchon. "Comed queridos, comed", gritaba a sus comensales el cocinero en medio de la algarabía.

Todos ellos eran invitados de excepción para esta historia, en la que un lápiz muy afilado hacía de anfitrión y elegía a quién sentaba a su alrededor. Como si el hecho de poder escribir lo que quisiera, le dotara de un poder extraordinario. El poder de la libertad de expresión: de tener un púlpito desde donde dejar correr las palabras, un estrado desd…

GARABATOS

En el mundo de los políticos y compañía, como si fuera una novela de Agatha Christie, jugaban a los diez negritos eliminando pasito a pasito a los ministros. O intentándolo. Mientras tanto, en el mundo real, una pareja de ancianos, de 70 y pico años eran desahuciados porque la pensión por debajo de 400 euros ya no les daba para más. Por vergüenza al que dirían, se fueron a vivir a un parque casi en secreto. Y allí pasaron los días mirándose en un banco y durmiendo, posiblemente abrazados, bajo un árbol. Mientras el tiempo y la amargura iba pasando de puntillas por su lado.

En el mundo de los políticos y compañía, se reían a carcajadas por la intervención de Donald Trump en la ONU, que aseguraba que en dos años había conseguido más logros que nadie. Mientras, en el mundo real, dos niñas de 6 y 3 años eran asesinadas por su padre de forma salvaje. Y de nuevo, esa crueldad dejaba sobre la mesa la feroz realidad que nos rodea en la que los pequeños son las víctimas de una lacra que no cesa…