OXÍGENO

De cómo imité a Yeats: me alcé, partí y me hice construir una choza de zarzas y arcilla para olvidar



Antes de partir quería dejar sobre este papel grisáceo la hoja de ruta de mi próximo sueño. Sin embargo, debo reconocer que la densa realidad me tiene atrapado. Preso en la maraña.


Me cuesta quitarme de encima el profundo olor a ceniza que se ha colado en mis pulmones por culpa de los últimos incendios; me cuesta inhibirme de esos números que van cayendo desde el púlpito de los poderosos como guillotinas, cortando sueldos, pensiones, cabezas de trabajadores..., y me cuesta ver algo más en el horizonte que la silueta de los recortes, porque los destellos de las tijeras me deslumbran y nublan mi mente soñadora.

Me cuesta, pero me niego a que sea así. Me resisto a quedar anclado en la amargura, a que nos fastidien -me fastidien- hasta las esperanzas más íntimas. Esos pequeños brotes de ilusión que desprenden hasta mi cabeza el oxígeno de los sueños. El aliento de las libertades que alimenta nuestros pensamientos.

Ese vendaval de felicidades es el que me va a permitir, en el instante en que ponga el punto final a esta nueva locura, escapar a un mundo en el que, acompañado de mis princesas, volveré a volar a lomos de un dragón del reino de Camelot, a escuchar a las cacatúas verdes cantar baladas pirata y a visitar el Valle del Alborozo, un lugar donde las piedras se ríen a carcajadas porquelas hormigas les hacen cosquillas.

Foto Jesús Trelis


Impulsado por ese torbellino de libertades, viajaré de nuevo a bordo de un avión -hecho con el papel sobre el que te escribo esta fantasía- hacia un lugar en el que las jirafas circulan con patines por la sabana, los monos tocan piezas inéditas de jazz y los flamencos... los flamencos recitan desde versos de André Bretón _a poemas de Yeats:_«Me alzaré y partiré, ahora, hacia Innisfree, / Y me haré una choza de zarzas y de arcilla;/ Tendré alubias en nueve surcos, y una colmena,/ Y en soledad oiré el rumor de las abejas».

Llega la hora de partir, amigo. La hora del respiro. El paréntesis. El instante de aparcar los días de gris, las penurias y las tristezas que han aflorado a nuestro alrededor y zarandeando las esperanzas. Y aunque sé que cuando regrese todo seguirá desolado, me resisto a renunciar a ello. A renunciar a ponerme durante un tiempo una venda en los ojos, huir e imaginarme en la piel del poeta Abu Nuwás: «A solas con el vino/ lo tomo y me lo sirvo/ y hablando entre susurros/ le cuento mis secretos...».

Eso sí, queden tranquilos los de negro. Volveré. Si me dejan. Hasta entonces, sueños. Perdón, quise decir besos. Muchos   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 21 de julio de 2012

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