RECUERDOS DEL VERANO (II): ROMPIENDO OLAS

Un baño entre peces. Grises plata y amarillos. Un rato sobre las piedras. El sol marcando su impronta sobre una piel que empieza a tener añadas. La mano que sabe a sal. Un joven que bucea. Unos pechos, un erizo, las algas... Una ola que rompe sobre las rocas de Les Rotes.


Una cerveza tan fría como las aguas del Ártico. Un plato de "polp sec" con la buena gente de El Tresmall (allí donde las piedras blancas relucen mojadas por el mar de Les Marines). Un arroz, como los dogmas mandan. Gambas que saben a gambas. Un Valdeorras. Un café. Algo de chocolate. Unas risas incontroladas con los amigos que siempre quedan y siempre están. Una siesta tórrida, con la diosa brisa como aliada. Y otro café. Con hielo.



Dénia. Foto Jesús Trelis

Una tarde con los reyes de la casa. Jugando al Carcassone. Construyendo ciudades que luego desaparecerán. Piezas que cuadran y se descuadran con la misma facilidad que el puzzle de nuestros días. El atardecer que se adivina entre pinos mediterráneos. El olor a resina. Y a pinocha torrefacta. Y un instante dejándose caer por el precipicio de "Nocilla dream": Falconetti, Billy The Kid, las rubias del burdel... La imaginación al sur de Las Vegas Boulevard. Duelo de palabras firmadas por Fernández Mallo. Un libro incontestable para matar el día.

Un paseo por la huerta antes de las noticias de las nueve. El aroma de los tomates que darán vida a la cena. Un instante para desconchar con ansiedad un gran tinto que me regaló mi nuevo amigo Pau: El Celler del Clot. Y fruta de temporada para cerrar la gula y para abrir las puertas a conversaciones sin ton ni son. Tertulias que siempre acaban destripando la almohada en la que un día depositamos los buenos recuerdos.

El campanario susurra, seco y contundente, que ya bordea la madrugada. Unos hielos, un gajo de lima que huele a canela, la tónica que burbujea y se abraza, enamorada, a la misma ginebra que hizo eterna a la reina madre de Inglaterra. Una canción de Chavela que retumba desde el cielo. Un ejército de estrellas. Y el baile de las Perseidas que se acelera sobre nuestras cabezas, mientras asombrados observamos cómo vuelan fugaces las lágrimas de aquellos que huyeron de este planeta.


Foto J. T.

Los ojos que se cierran conquistados por los sueños. La Cenicienta que huye con un zapato de cristal en la mano. La novia de la muerte sobre tu cama. Tu cuerpo que ya no respira. Suspira. Sólo quedan los recuerdos: "polp sec", las rocas, las olas, los peces de plata, el olor a tomate y el rojo vino y sangre que estalla del Celler del Clot. Tu cuerpo ya no respira. Suspira mientras otra cruz se levanta sobre el calendario del verano. Besos.   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 18 de agosto de 2012

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