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Mostrando entradas de noviembre, 2012

CHIRIMIRI

De cómo la lluvia fue calando, larga y lenta, hasta acabar tiñendo el paisaje de gris eterno


Las nubes parecían haberse instalado para siempre en el paisaje. Todo estaba gris. Todo era gris. Y el cielo se deshilachaba dibujando versos. Versos -no sé por qué- de Celaya: «Llueve largo. Llueve lento».


La lluvia hizo del cristal de mi ventana un poemario. Riachuelos incontrolados fueron escribiendo -insisto, no sé por qué- historias de Celaya: «El herrero de Ituren, Xosé Ramón Iribas,/ le ha dicho a su mujer: Vete a buscar el Santo,/ que lo tengo que fundir para hacer unas esquilas». Su esposa puso el grito en el cielo -«¿no será eso pecado?»- y el santo -eso lo digo yo- salió corriendo. No quería acabar transformado en una docena de cencerros.

Leyendo al poeta que murió olvidado se me fue el santo al cielo. (Nunca mejor dicho). Y me imaginé lo que el herrero de Ituren sería capaz de hacer con esos aviones que ahora bombardean Gaza -cosas de las guerras-. Calculé cuántas esquilas podría saca…

QUERIDA KITTY

El 8 de noviembre de 1902, Richard Meinertzhagen describía en su diario cómo Eastwood, un oficial del ferrocarril de Uganda, había sido embestido y aplastado por un rinoceronte. «Lo persiguió como un terrier, lo alcanzó y lo arrolló», sentenciaba. Mientras enumeraba sus vivencias en Nairobi, el aullido de las hienas rompía el inquietante silencio de la noche y la tenebrosa luz de una vela iluminaba su barraca en el cuartel de los King's African Rifles.


Eso sí, aunque Meinertzhagen parezca un aventurero más en la colonización del continente negro, en realidad esconde un personaje oscuro. La historiadora Elspeth Huxley lo describió como un asesino: «mató a mansalva y lo hizo por placer».

El mismo día en que Meinertzhagen narraba en su dietario el ataque del rinoceronte a Eastwood, otro 8 de noviembre pero 41 años después, Ana Frank contaba una de sus pesadillas a su amiga imaginaria Kitty también en un diario : «Por las noches, en sueños, me veo en un calabozo, sin papá y mamá. A vece…

FUNDIDO EN BLANCO

Siento el filo de la aguja en mi antebrazo. El látex que cubre las manos de los enfermeros. Cómo me cogen. Me levantan. El aliento de uno de ellos en mi cara repleta de sangre. Los destellos de las sirenas que atraviesan mis párpados. Algún grito en mitad del trasiego. Llantos. Richy. Es Richy que está llorando. Siento el filo de la aguja. La sangre en mi cara. El frío.


De pequeño quería ser como Alfanhuí. El del libro. Alfanhuí secaba la piel de los lagartos y del polvillo que caía hacía tintes. Con las raíces de un castaño conseguía que la pintura se elevara hasta sus hojas y el árbol se transformaba en una especie de mar de colores. Negros, rojos, dorados. Siempre me pareció una genialidad. De hecho cacé lagartos y los sequé al sol durante muchos veranos, pero la cosa quedaba ahí.

Ha sido la historia más fantástica que he leído. En verdad es la única que he leído. Me obligaron en la escuela, pero me gustó. La escribió Sánchez Ferlosio. Me acuerdo. Es el único escritor que recuerdo. A…