DIES IRAE


De cómo el año naufragó, como hace un siglo el Titanic, todo fue en blanco y Negro, como ‘The Artist’, y el glamour se murió recordando a Marilyn
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El año en el que se suspendió el fin del mundo, el hombre más rápido del planeta voló en el estadio olímpico de Stratford y recorrió los cien metros en 9,63 segundos; un caballero con apellido impronunciable se lanzó desde 39.068 metros y rompió la barrera del sonido, y un renombrado científico descubrió ‘la partícula de Dios’, de la que todos hablaron pero nadie supo explicar.
Se cumplieron tres décadas del Nobel a García Márquez, y todos viajamos a Macondo, y florecieron las soledades. Se conmemoró un siglo del hundimiento del Titanic, y descubrimos que seguimos camino del naufragio. Y se celebró el bicentenario de Dickens, y nos contagiamos del claro oscuro de sus ciudades, y el alma despiadada de algunos de sus personajes se apoderó de nuestras calles. Todo fue como el Londres de Oliver Twist. "Era un atardecer gris, bochornoso y nublado..."
Fueron días de cuervos y malos augurios. De espías y filtraciones bajo la cúpula de San Pedro, con el mayordomo condenado y luego indultado. Días de elefantes y cacerías; de operaciones reales y reales enredos con el yernísimo en la cuerda floja; de tribunales politizados y políticos en los tribunales. Tiempo de monstruos y azufre: un tiroteo inexplicable en Connecticut, cinco jóvenes muertas en una fiesta que era una ratonera y dos niños a los que perdieron la pista para luego saber que acabaron en cenizas. El año que lloramos a Ruth y José se despidió con la muerte de otro bebé en manos de un canalla. El ser humano envenenado...
Fue el año en el que nos colamos en los cuadros inquietos e inquietantes de Hopper que conquistaron la Thyssen, en el que los trazos de Tapies se fugaron hasta el cielo de los genios, en el que Alfaro esculpió el adiós y en el que recordamos a Marilyn, que hace medio siglo cantó su última balada, mientras enterramos para siempre los años de glamour: "Boop-boop-a-doop!"
En el cine americano triunfó 'The Artist', una película muda, en blanco y negro. Un presagio de estos 365 días en los que perecieron los colores. Año de desahucios, de paro, de recortes, de tomar la calle... Sus señorías perdieron el poco crédito que les quedaba, los bancos se resquebrajaron y despertó la bestia de la independencia. El año que acabamos hablando de ‘Los Miserables’, en el que los vende burras encontraron brotes verdes y en el que Mariló Montero nos advirtió del baile de las almas.
No, el fin del mundo no ha llegado, pero nos hemos quedado a gustito. Sin fuerzas ni para darnos los últimos besos del año.
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El Comecocs. Publicado en Las Provincias, 28 de diciembre 2012.
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