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DESIDERÁTUM

Quiero espantar el mal augurio, sembrar el gen del optimismo y bloquear a los "hackers" que piratean nuestras vidas. Quiero que este mundo sea un huevo, y cascarlo, y hacer con él revuelto de penurias y malos tragos. Quiero un ático en Marbella, una cuenta en Suiza, un Maserati por el morro y sobresueldos de 15.000. Y que nos expliquen lo de Bárcenas, que interpreten su vodevil y que nos canten todos a una: «vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras».


¡Que escriba Quevedo en verso lo que acontece a nuestro tiempo! Que nos recuerde lo poderoso que es siempre don Dinero. Que asome sus bigotes para glosarnos aquello de un señor a un ducado pegado. ¡Que haga un soneto al aeropuerto menos transitado, unas greguerías a los expoliadores de los bancos y un simple pareado a los ladrones de guante blanco, que ya hay más que desahuciados!

Que el ministro salga de su despacho para explicar con pelos y señales por qué se ha dado un indulto a un kamikaze; que lo de la joven arrollada con su bicicleta nunca haya sucedido; que un gas encantado se nos cuele en el cerebro y nos de coherencia y temple ante el volante; y que lo de la carretera deje de ser una marea de cuerpos tendidos junto a hierros machacados.

Que el gatillo del terrorista se enganche, que desaparezcan sus municiones, que se marchiten sus pistolas, y sus lanzacohetes... Que la paz se instale en Argelia, en Malí, en toda África, y Asia. En Ciudad Juárez. Que las mafias ya no lo sean, y al maltratador se le caigan los dedos. Y que me cuente mi niña un cuento y que me duerma entre sus cabellos; y que sus historias sean ciertas; y el pato, un cisne; y el viento, el aliento de sus hadas imposibles.

Que cuaje la vacuna del alzhéimer, que abran las urgencias, que despierte la niña en coma, que los ángeles bajen para arroparla, que espanten a los demonios, que cese el llanto, que el azufre que nos ahoga se esfume como el humo al estallar la pólvora. Que se enciendan farolillos por las calles porque empieza la fiesta grande; que el vecino encuentre empleo; que la vieja se levante; que vuelva Robin Hood; que Lincoln nos libere de la nueva esclavitud; que un parado gane el Euromillón, y que las meninas de Valdés dancen con sus cuerpos de madera, liberadas del cincel, al son de la Orquesta Mondragón.


 
Quiero que Gauguin nos pinte el paraíso y nos vayamos todos para allá. Que la vida sea un verso y que lo escriba Grouch Marx. Que mis ánimos te lleguen, que mis besos te consuelen y que ellos... que ellos nos dejen en paz. Tralará.   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 19 de enero de 2013

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