Ir al contenido principal

PELICULÓN

De cómo un asteroide nos amenazó, un rayo cayó sobre el Vaticano y los espías afloraron por todas partes



Mientras los chicos de los Goya empiezan a poner a punto el recinto ferial de Madrid para la gala, me vienen a la cabeza los guionistas y los directores de cine. Deben estar viviendo estos días una esquizofrenia tremenda, viendo detrás de cada zarpazo de la actualidad todo un peliculón. Hay de todo: historias de espías a la catalana; un musical interpretado por un tal Bárcenas (que muchos temen que empiece a cantar, porque de ser así habrá rock and roll en la cárcel), o un drama terrible, espeluznante, que habla de suicidios en cadena y de la indignante dictadura de las hipotecas.

La realidad se ha convertido en eso. En un gran celuloide. ¿Qué escritor podría haber creado una historia tan delirante y convulsa como la de Pistorius? La trayectoria de superación del deportista es todo un historión. Además, con un final glorioso: carrera en las olimpiadas y amorío del atleta discapacitado con la modelo Reeva Steenkamp. Pero es que, luego, ha llegado el desenlace inesperado: cuatro tiros que acaban con la vida de ella. «Creía que era un ladrón», dijo él. Y para rizar el rizo, un tuit que Reeva le escribió a Pistorius por San Valentín: «¿Qué escondes en la manga para tu amada mañana?». Para quedarnos blancos y mudos. Como Maribel en Blancanieves.

Aunque para guión intenso, de enjundia, el que se ha escrito en el Vaticano. Un mayordomo traidor, un cardenal que conspira, un secretario seductor, un Papa que renuncia y, el colofón, un rayo que cae sobre la cúpula de san Pedro el día en que el Pontífice decide hacer pública su decisión. Igual son perogrulladas. O falsedades. ¡Pero qué película! Ni Moreti en Habemus Papam.

Pero no todo es novela negra, espionaje e intriga. También hay comedia. «Tengo una declaración de renta para ti», promete ser una cinta desternillante. Muy propia de Almodóvar. Políticos al borde de un ataque de nervios: «pues yo enseño mi renta», «pues tú enseña la tuya», «pues yo también la enseño?» ¿De verdad piensan que con ello nos van a convencer de que no han metido la mano en el saco? ¿Nos quieren hacer creer que están limpios? De risa. Aunque para lanzar carcajadas, los monólogos de Floriano. Dan para una serie completa. ¡Qué papelón, don Floriano! ¡Ni Mr. Bean!

¿Y si le pedimos a Tarantino que nos monte un Django a medida? Una historia con un cazarecompensas en busca de corruptos.... Eso sí, que nos los traiga vivos. Que a Quentin enseguida se le va la mano.



A todo eso, suma un asteroide que amenazaba con darnos en todos los morros y un meteorito desbocado que la ha armado en los Urales. Lo que yo te diga, como en las películas. Y luego dicen que la gente no va al cine. ¡Si no nos hace falta! Trae tú las palomitas que el beso final lo pongo yo.   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 16 de febrero de 2013

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIS PASEOS CON CHATI

Se llama Chati. (Sí, es cursi; lo sé). Llegó a casa hace unas semanas. Tenía cuatro meses. Patas de medio metro, pelo color canela y una orejas simpáticas. Es mestiza. Podenca y algo más. En el fondo, como todos: sangre de aquí y de allá; del sur y del norte; de abuelo republicano y del abuelo del otro bando; de origen humilde aunque con un tío millonario en América. Mestizos, por todos lados. Un honor. Aunque Hitler y otros locos por la raza nos hubiesen fulminado. Con la mirada. Y algo más.
Su mirada, la de mi mestiza, tiene destello. El brillo de la inocencia, de la gratitud, de sentirse (de pronto) feliz. Aunque en el fondo, también esconde una patina de nostalgia. Por lo vivido, supongo.

A Chati la encontraron deambulando por una autovía, con su madre escuálida y malherida a su lado. Las dos, en medio de la jauría de coches. A su madre, la sacrificaron. Ella, emprendió un nuevo camino a nuestro lado. Y cuando la veo, pienso en ese toque inhumano que, quizás por falta …

SACAPUNTAS

Le encantaban los sacapuntas. Los de metal de toda la vida. Y esos manuales que le das a la manivela y afila el grafito hasta parecer un punzón. Un punzón tan afilado que las palabras salían de él cortantes. Crimen, desamor, estulticia, vergüenza, corrupción, emoción, pasión.
Escribía sangre y con ella montaba una carnicería. Escribía carne y con ella montaba un banquete. Y escribía banquete y montaba una historia en la que un chef de la vieja escuela cocinaba el mejor solomillo Wellington con un delicado puré de patatas al estilo de Robuchon. "Comed queridos, comed", gritaba a sus comensales el cocinero en medio de la algarabía.

Todos ellos eran invitados de excepción para esta historia, en la que un lápiz muy afilado hacía de anfitrión y elegía a quién sentaba a su alrededor. Como si el hecho de poder escribir lo que quisiera, le dotara de un poder extraordinario. El poder de la libertad de expresión: de tener un púlpito desde donde dejar correr las palabras, un estrado desd…

GARABATOS

En el mundo de los políticos y compañía, como si fuera una novela de Agatha Christie, jugaban a los diez negritos eliminando pasito a pasito a los ministros. O intentándolo. Mientras tanto, en el mundo real, una pareja de ancianos, de 70 y pico años eran desahuciados porque la pensión por debajo de 400 euros ya no les daba para más. Por vergüenza al que dirían, se fueron a vivir a un parque casi en secreto. Y allí pasaron los días mirándose en un banco y durmiendo, posiblemente abrazados, bajo un árbol. Mientras el tiempo y la amargura iba pasando de puntillas por su lado.

En el mundo de los políticos y compañía, se reían a carcajadas por la intervención de Donald Trump en la ONU, que aseguraba que en dos años había conseguido más logros que nadie. Mientras, en el mundo real, dos niñas de 6 y 3 años eran asesinadas por su padre de forma salvaje. Y de nuevo, esa crueldad dejaba sobre la mesa la feroz realidad que nos rodea en la que los pequeños son las víctimas de una lacra que no cesa…