CUANDO RAJOY FUE MARILYN

Cada vez que veo fotografías de Barak Obama no puedo evitar recordarlo con el flequillo que se colocó para la tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca. Me hace gracia, la verdad, y no puedo evitar imaginarme a los nuestros (a nuestros políticos) de tal guisa. A Cospedal -más desaparecida que nunca- luciendo calva y piercing. O al propio Rajoy -con permiso de su señoría - con una peluca a lo Marilyn cantándole el "Happy Birthday" a Merkel. «¿Qué tal si bajamos los impuestos, Angela?», le susurraría con boquita de piñón.


Pero no. A nuestros gobernantes no les va eso. No les van estos divertimentos porque tienen un sentido del ridículo acentuado. «Es otra cultura», supongo que dirán. Pero lo cierto es que me llama la atención porque después no tienen tanta vergüenza a la hora de salir en público -si es que comparecen- para decir que hay seis millones de parados. Incluso evitan sonrojarse cuando insinúan sin ningún tipo de complejos que lo del desempleo va para largo? La solución allí por el ¿2019?

Nuestros políticos, salvo los que buscan el espectáculo para captar votos -al estilo camiseta Baldoví-, tienen un peculiar sentido del ridículo. Nunca se pondrían un flequillo para reírse de ellos mismos, porque les da rubor. Sin embargo, desfilan por los juzgados rectos y dignos para dar explicaciones de las más vergonzantes acusaciones: tramas a la catalana, EREs a la andaluza, desastres gurtel a la carta o depuradoras putrefactas. Hay incluso quien se pasea ante las cámaras con peineta y abrigo Chesterfield. A lo Al Capone.

Digamos que a nuestros dirigentes les debe parecer una payasada que el presidente de los Estados Unidos se coloque un flequillo como el de su mujer, pero no se dan cuenta de que, tras su disfraz de corbatas de Hermès y bolsos Loewe, los ciudadanos empezamos a ver al ejército de Pancho Villa. Y eso que cuando quieren, pueden. Se ponen policías a patrullar e intervienen en nueve días 21 toneladas de naranjas robadas. ¿Por qué no se ha hecho antes? Intensifican las operaciones y en cuatro meses reducirán al mínimo las listas de espera. ¿Por qué no se ha hecho antes?



Su tiempo, no es el nuestro. Foto Jesús Trelis

Está bien eso de ser muy dignos y muy serios. Pero toda esa dignidad y seriedad donde se tiene que demostrar es en la política de altura, en las decisiones firmes, en la forma de trabajar por la gente, en los gestos y en la vida.

No tengo ninguna duda. Sería un puntazo ver a Rajoy vestido a lo Marilyn y cantándole a Merkel. Mucho más si con ello lograra bajar los impuestos y reactivar la economía. Sería disparatadamente serio. Señoras, señores, besos con peluquín.   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 4 de mayo de 2012

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