Ir al contenido principal

ASTENIA

Ando con la cabeza embotada. Me dicen que es la astenia primaveral, que por eso el cuerpo está más plomizo y la mirada alicaída. Puede ser. Esta primavera, como mi cabeza, parece querer reventar. No sólo climáticamente: nubes, sol, lluvia, frío, sol, calor, más calor. Es una primavera liosa. Una maraña. Como sus días, que despliegan argumentos como para no salir de casa.


Esta desquiciante primavera te habla, de golpe, de asesinos marciales que descuartizan a prostitutas. Muy "Made in USA". A lo Dexter. Desde la frivolidad de la distancia, uno lo ve como una hijoputada de un malnacido. Pero si te bajas de la parra primaveral y empiezas a dejar fluir tus sentimientos, a pensar en la pobre joven que descuartizó ese falso shaolín, entonces te duele hasta el alma. Y te olvidas del carnicero, para centrarte en ella. E imaginas sus ojos llorando crueldad. El martirio que padeció. El espanto que vivió. Sus gritos. Su dolor. Y te estalla la cabeza.

Esta primavera está siendo convulsa. De pronto un anciano acuchilla a su esposa. Otro se intenta quemar en una sucursal de banco. Yo llevo varios días observando a una anciana que rebusca en los contenedores. Sí. Lo sé. Es la recurrente historia de buscadores de comida que ya conocemos. Pero, pese a ello, me parece lamentable. Encontrarte a una anciana, con su carro de la compra, rescatando la bollería que han lanzado en el supermercado es espeluznante.

Foto Jesús Trelis

Creo que acude los miércoles. A eso de las diez. Como otras tres mujeres con las que se reparte el botín. Creo que es así, pero no lo sé cierto. Nunca me atreví a preguntarle. Me da vergüenza. Lo que sí que tengo es la sensación de que no nos damos cuenta -o no queremos darnos cuenta- de que eso está pasando cada vez con más intensidad. Y con más normalidad.

Estamos tan entregados al "coaching", a la corrupción, a la troika... que nos olvidamos de ellos. Me gustaría que cualquiera de los que manejan nuestro dinero -o sea, cualquiera de los que mandan- se imaginaran a su madre buscando en un contenedor para subsistir. Incluso me gustaría que se imaginaran caminando hacia la Casa de Caridad con sus hijos de la mano para que les echen algo en un plato. Por ejemplo, un señor o una señora diputada, lo mismo me da que esté imputado como que no, de la manita de su niñito de cinco años diciéndole que se van a un sitio muy lindo a almorzar porque el comedor del colegio está cerrado y los papás no tienen nada que darle de comer.

Este país está superando las líneas rojas de la dignidad con tanta indiferencia y tranquilidad que me da escalofríos. O quizá sea la primavera. La astenia primaveral, que me tiene como apaleado. No sé. Sólo tengo claro que me duelen hasta los besos.   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 8 de junio de 2013

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIS PASEOS CON CHATI

Se llama Chati. (Sí, es cursi; lo sé). Llegó a casa hace unas semanas. Tenía cuatro meses. Patas de medio metro, pelo color canela y una orejas simpáticas. Es mestiza. Podenca y algo más. En el fondo, como todos: sangre de aquí y de allá; del sur y del norte; de abuelo republicano y del abuelo del otro bando; de origen humilde aunque con un tío millonario en América. Mestizos, por todos lados. Un honor. Aunque Hitler y otros locos por la raza nos hubiesen fulminado. Con la mirada. Y algo más.
Su mirada, la de mi mestiza, tiene destello. El brillo de la inocencia, de la gratitud, de sentirse (de pronto) feliz. Aunque en el fondo, también esconde una patina de nostalgia. Por lo vivido, supongo.

A Chati la encontraron deambulando por una autovía, con su madre escuálida y malherida a su lado. Las dos, en medio de la jauría de coches. A su madre, la sacrificaron. Ella, emprendió un nuevo camino a nuestro lado. Y cuando la veo, pienso en ese toque inhumano que, quizás por falta …

SACAPUNTAS

Le encantaban los sacapuntas. Los de metal de toda la vida. Y esos manuales que le das a la manivela y afila el grafito hasta parecer un punzón. Un punzón tan afilado que las palabras salían de él cortantes. Crimen, desamor, estulticia, vergüenza, corrupción, emoción, pasión.
Escribía sangre y con ella montaba una carnicería. Escribía carne y con ella montaba un banquete. Y escribía banquete y montaba una historia en la que un chef de la vieja escuela cocinaba el mejor solomillo Wellington con un delicado puré de patatas al estilo de Robuchon. "Comed queridos, comed", gritaba a sus comensales el cocinero en medio de la algarabía.

Todos ellos eran invitados de excepción para esta historia, en la que un lápiz muy afilado hacía de anfitrión y elegía a quién sentaba a su alrededor. Como si el hecho de poder escribir lo que quisiera, le dotara de un poder extraordinario. El poder de la libertad de expresión: de tener un púlpito desde donde dejar correr las palabras, un estrado desd…

GARABATOS

En el mundo de los políticos y compañía, como si fuera una novela de Agatha Christie, jugaban a los diez negritos eliminando pasito a pasito a los ministros. O intentándolo. Mientras tanto, en el mundo real, una pareja de ancianos, de 70 y pico años eran desahuciados porque la pensión por debajo de 400 euros ya no les daba para más. Por vergüenza al que dirían, se fueron a vivir a un parque casi en secreto. Y allí pasaron los días mirándose en un banco y durmiendo, posiblemente abrazados, bajo un árbol. Mientras el tiempo y la amargura iba pasando de puntillas por su lado.

En el mundo de los políticos y compañía, se reían a carcajadas por la intervención de Donald Trump en la ONU, que aseguraba que en dos años había conseguido más logros que nadie. Mientras, en el mundo real, dos niñas de 6 y 3 años eran asesinadas por su padre de forma salvaje. Y de nuevo, esa crueldad dejaba sobre la mesa la feroz realidad que nos rodea en la que los pequeños son las víctimas de una lacra que no cesa…