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PAPÁ BERNI

Qué feliz debe estar Tamara Ecclestone con su boda de los ocho millones de euros. Para los nostálgicos, unos mil trescientos millones de pesetas. Al menos eso decían los tabloides británicos esta semana. Y me lo creo. ¡Sólo el vestido ha costado 95.000 euros! Y es que nadie tiene un padre tan grande como Bernie -grande en cash, claro-, capaz de rascarse la cartera sin límites a cambio de ver a su hija ilusionada. Que le gusta Elton John, pues que nos cante Elton. Que queremos al DJ de la boda de Tom Cruise y Katie Holmes, pues que venga Mark Ronson a armarla.


No tengo claro si todo eso es tal y como lo cuentan, pero me da cierto morbo. Por que, quién sabe si con nuestro dinero hemos pagado algo de la boda megachachi de Tamara. Igual con lo que soltamos en su momento por el canon de la Fórmula Uno, Bernie ha contratado a Elton.

Y no lo digo porque me pareciera mal tener los coches volando al lado de casa. Incluso creo que en muchos aspectos fue positivo y era buena idea. Eso sí, lo que no me parece tan fantástico es que nos metamos en ese fandango sin tener garantizado que podemos costear el evento y mantenerlo. Eso me inquieta más. Aunque seguro que el President tiene atado lo de la alternancia, los coches seguirán y la inversión que se hizo no caerá en saco roto. Seguro ¿no?

Al magnate británico, en cualquier caso, nuestros problemillas económicos le dan igual. Porque el negocio es negocio. Y la Fórmula Uno es eso, un negocio tan extravagante como puede ser la boda de Tamara. Coches imposibles, azafatas increíbles, pilotos superguais y champán, mucho champán. Todo ello en lugares idílicos salpicados por todo el mundo. Fantasías animadas que el resto de humanos observamos desde el sillón. A lo Homer: cervezas y palomitas.


Aunque debemos ser justos. Esa extravagancia de la Fórmula Uno -que en esencia es un deporte admirable porque lleva al límite la fusión del hombre y la máquina- es extrapolable a muchos otros negocios que se esconden detrás del deporte. La NBA, la Super Bowl, el boxeo? ¡El fútbol! Un mundo en el que jeques compran clubes a su antojo, los futbolistas forman parte de un gran zoco de esclavos (del balón) y el fraude a Hacienda parece estar asentado. Hasta un crack como Messi podría acabar tocado.

Esto es así. Hemos apostado todo al espectáculo. Queremos ser como Homer. Y mientras, los científicos se nos escapan de las manos porque no tienen opción de seguir investigando. Con la falta que nos haría ahora que localizaran el gen de la estupidez humana, lo aislaran y lo desterraran.

Nuestro ADN necesita de una investigación prfunda. FOTO JESÚS TRELIS


Vivimos un SOS genético. El ADN de nuestros días precisa de una investigación profunda. Sin patentes, por favor. Besos.   Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 15 de junio de 2013

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