Ir al contenido principal

CREMA DE COCODRILO



En mi mesa del periódico tengo un trozo de cartulina naranja. Tiene pegados sobre él pequeños pedazos de un folio blanco. Es un hipopótamo, aunque nadie lo sabe. Sólo ella y yo. El hipopótamo con el que un día soñó mi hija y que ahora me mantiene conectado con la realidad. Porque sólo cuando uno ve el mundo bajo la perspectiva más simple, sincera y limpia es cuando descubre de verdad su esencia. A veces ser como niños nos ayuda a ser mejores adultos.
El cocinero Quique Dacosta -un almirante de la cocina con tres estrellas Michelin- sabe muy bien qué es eso de ponerse en la piel de un pequeñajo. Tanto que esta misma semana, en un congreso de nutrición y alimentación en Madrid, reconoció que sus hijos tienen una cita con el país de los sueños cada vez que se sientan a comer. «No toman crema de guisantes, sino de cocodrilo; ni comen crema de coliflor, sino de nieve de Navidad», explicó. A muchos adultos -somos tantos y muchos, tan estirados- todo esto les sonará a perogrulladas. «Que se coman la sopa sí o sí y si no, les hacemos unos rebozados y que nos dejen cenar tranquilos», solemos reflexionar.



Los hombres de gris -como en "Momo" - devoran nuestro tiempo, nuestra sensibilidad y nuestra racionalidad. Hacen que nos olvidemos de cosas que parecen minucias pero que en realidad son fundamentales. Hablamos, por ejemplo, de algo tan simple como la alimentación de nuestros niños: es más cómodo que desayunen una pieza de bollería industrial que una tostada con aceite y jamón (que es en realidad un barco pirata repleto de tesoros); que coman un lácteo de chocolate en vez de un melocotón (que es en verdad un gigante bonachón que se tragó un sol) o que sean felices con una fritura de congelados en vez de, por ejemplo, un pescado blanco con judías (esa isla encantada donde la arena es polvo de cristal y las hadas se esconden en las palmeras).







Metidos en nuestro mundo no nos damos cuenta de las consecuencias que puede tener que la obesidad sea ya un problema que afecta a uno de cada cinco niños. El germen de los problemas cardíacos del futuro.
Un grupo de cocineros ha apostado esta semana por introducir la asignatura de alimentación en los colegios. Una voz más que se suma a las que reclaman campañas eficaces contra la obesidad infantil. Sin embargo, pese a ser esto importante, no podemos olvidar que los padres somos los verdaderos responsables de la alimentación de nuestros hijos. Y es aquí donde debemos volver al inicio. A apostar por la imaginación como la mejor arma para enganchar a los pequeños en la dieta mediterránea. Crema de nieve para Noa, un tazón de cereales y fruta para el hipopótamo y para Lucía y besos de cocodrilo, dulces besos, para todos.


Jesús Trelis, El Comecocos. Las provincias, 26 de octubre de 2013

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIS PASEOS CON CHATI

Se llama Chati. (Sí, es cursi; lo sé). Llegó a casa hace unas semanas. Tenía cuatro meses. Patas de medio metro, pelo color canela y una orejas simpáticas. Es mestiza. Podenca y algo más. En el fondo, como todos: sangre de aquí y de allá; del sur y del norte; de abuelo republicano y del abuelo del otro bando; de origen humilde aunque con un tío millonario en América. Mestizos, por todos lados. Un honor. Aunque Hitler y otros locos por la raza nos hubiesen fulminado. Con la mirada. Y algo más.
Su mirada, la de mi mestiza, tiene destello. El brillo de la inocencia, de la gratitud, de sentirse (de pronto) feliz. Aunque en el fondo, también esconde una patina de nostalgia. Por lo vivido, supongo.

A Chati la encontraron deambulando por una autovía, con su madre escuálida y malherida a su lado. Las dos, en medio de la jauría de coches. A su madre, la sacrificaron. Ella, emprendió un nuevo camino a nuestro lado. Y cuando la veo, pienso en ese toque inhumano que, quizás por falta …

SACAPUNTAS

Le encantaban los sacapuntas. Los de metal de toda la vida. Y esos manuales que le das a la manivela y afila el grafito hasta parecer un punzón. Un punzón tan afilado que las palabras salían de él cortantes. Crimen, desamor, estulticia, vergüenza, corrupción, emoción, pasión.
Escribía sangre y con ella montaba una carnicería. Escribía carne y con ella montaba un banquete. Y escribía banquete y montaba una historia en la que un chef de la vieja escuela cocinaba el mejor solomillo Wellington con un delicado puré de patatas al estilo de Robuchon. "Comed queridos, comed", gritaba a sus comensales el cocinero en medio de la algarabía.

Todos ellos eran invitados de excepción para esta historia, en la que un lápiz muy afilado hacía de anfitrión y elegía a quién sentaba a su alrededor. Como si el hecho de poder escribir lo que quisiera, le dotara de un poder extraordinario. El poder de la libertad de expresión: de tener un púlpito desde donde dejar correr las palabras, un estrado desd…

GARABATOS

En el mundo de los políticos y compañía, como si fuera una novela de Agatha Christie, jugaban a los diez negritos eliminando pasito a pasito a los ministros. O intentándolo. Mientras tanto, en el mundo real, una pareja de ancianos, de 70 y pico años eran desahuciados porque la pensión por debajo de 400 euros ya no les daba para más. Por vergüenza al que dirían, se fueron a vivir a un parque casi en secreto. Y allí pasaron los días mirándose en un banco y durmiendo, posiblemente abrazados, bajo un árbol. Mientras el tiempo y la amargura iba pasando de puntillas por su lado.

En el mundo de los políticos y compañía, se reían a carcajadas por la intervención de Donald Trump en la ONU, que aseguraba que en dos años había conseguido más logros que nadie. Mientras, en el mundo real, dos niñas de 6 y 3 años eran asesinadas por su padre de forma salvaje. Y de nuevo, esa crueldad dejaba sobre la mesa la feroz realidad que nos rodea en la que los pequeños son las víctimas de una lacra que no cesa…