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Mostrando entradas de 2014

LO QUE EL DÍA NOS DEJA

Cuando lo único que queda es la familia EL COMECOCOS- JESÚS TRELIS Un menor de quince años apuñalado, posiblemente por un ajuste de cuentas entre bandas latinas. Un hombre de Teruel que estampa su coche en la sede el Partido Popular, dicen que desesperado después de perder todas sus propiedades. Una nueva víctima de la violencia de género, otra mujer asesinada por un tipo despreciable. Cada una de estas historias sigue escondiendo un tremendo drama personal, más allá del sobresalto informativo. Cada una de estas historias esconde el drama de sus anónimos.


La angustia que vivirá la madre del chiquillo apuñalado; la esposa del empresario arruinado; los padres o los hijos de la mujer asesinada y del asesino. Detrás de todos ellos, existe una familia, personas que les han ido acompañando durante toda la vida y que son, lejos de los focos, de las noticias, ocultándose de todo, los que acabarán lastrando el drama de por vida.


La familia es, suele serlo, ese recóndito lugar en el que nos vamos …

PALABRAS PLASTIDECOR

EL COMECOCOS 
JESÚS TRELIS Tengo mil, dos mil, miles de palabras apelotonadas en las manos con ganas de salir, de huir, de hacerse oír. Palabras amables, extravagantes, disparatadas, exageradas, imposibles. Palabras que son losas y son humo. Palabras desconcertantes e inolvidables. Para las odas, para el elogio, para la rima, para dar la bienvenida. Palabras de colores. De todos los colores. Palabras Plastidecor.

Palabras que se escapan. Y salen. Y se van de jarana sin permiso. Y bailan entre ellas y se embriagan y se emborrachan. Palabras que acaban revueltas y las más bellas se acuestan con las feas y hacen que la soledad sea hermosa, que la tristeza sea sana, que la muerte sea el principio, que la vida sea cortar con el dulce lazo del cordón umbilical.

Hay palabras que se amotinan. Y hacen su revolución. Y llenan las frases de indignados, de protestas, de injusticias. Y se hacen solidarias y te hablan de desahuciados y estafados y de hambre y de pobreza. Palabras por la frontera, palab…

BUENDÍA

De cómo Gabo resucitó entre las letras mientras conversaba con Melquiades sobre la vida



EL COMECOCOS. JESÚS TRELIS



Escogí el lápiz más menudo. Estaba vestido de amarillo y negro, aunque algo deteriorado, con el cartel dorado en el que se puede leer "Staedtler Noris" casi desconchado. «Es un lápiz experto en historias, sino no estaría tan machacado», me dije. Encaré el grafito sobre el papel y quedé inerte durante unos segundos. Quizá un minuto. Estaba desconcertado. No podía escribir sobre él: ni sobre su trayectoria, ni sobre su adiós. «Me sentiría como un impostor», murmuré. «Con todo lo que saben los sabios sobre García Márquez, ¿qué cuento yo?».



El lápiz esperaba inquieto para empreder el vuelo. El lápiz y el papel. Y los recuerdos sobre los libros leídos del Nobel que daban volteretas por mi memoria. Respiré hondo e intenté empezar a crear una historia. Presioné con fuerza: lápiz contra papel, negro sobre blanco. La mina se partió. Seca. El afilado carboncillo salió rodand…

EL EMPUJÓN

Leo que han hospitalizado a García Márquez por una infección respiratoria. Descubro que ya tiene 87 años y pienso en lo que pensamos todos ante ese tipo de noticias. Y me digo que hay gente en el mundo a la que deberíamos haber parado el reloj. Una especie de prerrogativa de los dioses para que personajes como Gabo no murieran jamás, que fueran eternos.
Me digo que deberíamos lograr que mentes como las del escritor de Aracataca se hubiesen quedado aparcadas en los años más lúcidos de su creación artística y allí, ancladas, produjeran y produjeran más historias fascinantes para que el resto de la humanidad las disfrutáramos. Relatos de esos que cautivan el alma y la memoria, de los que te hacen enamorarte de la palabra y de los libros. Novelas capaces de trasladarte al enigmático Macondo y hacerte imaginar a Melquiades desfilando con dos enormes hierros que hacían magia por aquellas callejas adoquinadas...



Decía García Márquez en «Vivir para contarla» (2002) que hasta la adolescencia, «…

¿QUIÉN ES MALALA?

La Fundación Profesor Manuel Broseta premia hoy a una niña a la que los talibanes no lograron callar





EL COMECOCOS/JESÚS TRELIS





Bienvenida Malala. Te voy a confesar una cosa: es la tercera o quizá la cuarta vez que empiezo esta columna de opinión. (O lo que diantres sea esto). La realidad es que hay un cierto nerviosismo en las palabras. Todas quieren ser las primeras en salir de la cabeza en forma de elogio. Ya conoces cómo somos los humanos: a rey coronado nos apresuramos a lanzarle alabanzas a bocajarro. En esta ocasión, sin embargo, el nerviosismo es lógico. Existe admiración en estado puro (sin un ápice de exageración). Y al tiempo, cierta vergüenza. Las dos cosas tienen sentido.


La admiración es profunda. Los motivos los entiende cualquiera. Imposible no sentirla ante una niña, ahora una joven adolescente, que mantuvo levantada la bandera por la igualdad, los derechos humanos y la dignidad, pese a las amenazas de los talibanes. Admiración ante una niña que vio cómo un 9 de octubre d…

DESPUÉS DE EVA

De cómo la vida tiene nombre de mujer pero muchas veces no nos damos cuenta



EL COMECOCOS - JESÚS TRELIS






Eva fue la que empezó a mover el cotarro. María, la madre de todas las madres que luego dio paso a muchas más. Marías, digo. La Zambrano, la de la O, la de las Mercedes. Teresa fue una mística que hizo de su devoción poesía. Y la de Calcuta, también Teresa, un corazón que hizo de su vocación un desgarrador ejemplo de paso por la vida.



Calabaza fue aprendiz de geisha en el libro de Arthur Golden. Frozen, la última heroína de Disney. Rosalía de Castro, Marie Curie, la Pasionaria? nombres que salpican la historia. Cleopatra, un personaje fascinante. Nefertiti, la mujer más hermosa de la humanidad. Montserrat, una soprano. La soprano. María Callas, el aria. Y Estrella, el cante gitano. Estrella, Luna, Venus, Sol. El Universo entero tiene nombre de mujer. (Y sí, hay hombres; pero brillan menos).



El día de la mujer trabajadora es día de cifras a bocajarro. A veces las ignoramos. A veces si…

TINTA

De cómo la letra impresa acaba estallando en el cerebro para crear nuevas historias EL COMECOCOS-JESÚS TRELIS Dicen que soñar con un águila que vuela alto es un buen presagio; que las plumas de cisne cosidas a la almohada del esposo evitan que sea infiel; que matar un grillo provoca la ira de Dios. Dicen que Truman Capote no podía pensar sin un cigarrillo entre los dedos; que Charles Dickens necesitaba escribir en absoluto silencio; que Alice Munro creaba sus cuentos cuando su hija pequeña dormía y la mayor estaba en la escuela. Me cuentan que Henrik Rozowski era uno de los catorce niños judíos que vendían cigarrillos en la plaza de las Tres Cruces de Varsovia cuando la ocupación nazi; que sus clientes eran soldados alemanes del cuartel general de la Gestapo y de las SS; que siempre vivió al filo del riesgo. Oculto. Al borde de ser descubierto. Y que murió el pasado enero en Niágara, ahogado entre recuerdos. Dicen que Antonie de Saint-Exupéry regaló el manuscrito de "El …

BOQUERÓN

De cómo el inmenso monstruo que teje la red ha hecho de nosotros simples emoticonos EL COMECOCOS-JESÚS TRELIS Somos sólo un avatar. 140 caracteres. Un emoticono. Una foto colgada en Instagram. Un enlace hacia ninguna parte. Un mensaje entrecortado en el WhatsApp. Un follower. Un boquerón atrapado en la red. No hay silencios, ni suspiros, ni palabras apresuradas, ni un susurro romántico, ni una voz lánguida. No hay conversaciones cara a cara, ni miradas penetrantes, ni la mano que te toca el hombro para darte ánimos. No hay un loco que habla aturullado, ni el que sesea, ni el acento maño, ni el deje sevillano. Sólo hay palabras vacías, personajes virtuales, una prolongación de la "tablet", un hombre a un móvil pegado, un caballero angustiado que está cabreado porque el wifi no funciona. Una pequeña ventana sin alma en la que aparece tu rostro retocado, camuflado, reinventado... Aparentamos ser los más listos, los más ingeniosos, los más ágiles. El tipo que la sociedad…

PERRO VERDE

De cómo la soledad puede ser una travesía hacia la felicidad y, al tiempo, un arma letal EL COMECOCOS JESÚS TRELIS Puedo parecer un perro verde. En el fondo, quizás lo sea. Pero las cosas son así. Me gusta ir a comer a un restaurante con buena compañía para hablar de las cosas de la vida. Y me gusta disfrutar de un festín con un buen grupo de amigos recordando andanzas del pasado y trazando planes de futuro. Dicho esto, tengo que reconocer que también me fascina comer solo. Aquí está el perro verde. Un tipo que le gusta, de tanto en tanto, ir a una buena cocina, pedir mesa para uno y comer con la soledad como dama de compañía. Me gusta estar ante un plato repleto de piruetas gastronómicas y aromas desatados. Observarle. Acercarme temeroso hasta cada uno de sus costados. Contemplar con detalle la escena sobre la loza e ir olfateándolo. Como un perro (verde). Me gusta eso y acabar lanzándome hasta él con los ojos cerrados para ir descubriendo sus matices más superficiales y los má…

ENTRE PLATOS

De cómo nuestra existencia no es más que una travesía entre mesas y manteles



EL COMECOCOS
JESÚS TRELIS





El A,B,C de la vida pasa por la E. La E de estómago. De hecho, George Eliot decía: «Nadie puede ser sensato con el estómago vacío». Pues eso, que la vida pasa por la E porque, cuando la H de hambre se impone, da un triple salto mortal hasta la M. M de mesa. Y una vez allí, no hay M de mal que no se pueda paliar ante un mantel. M de mantel.




El mantel vive lo suyo: cobija negocios, presencia tertulias acaloradas, oculta pasiones bajas, se tiñe de tinto cuando la fiesta se alarga, se llena de migas y de pizcas de sal y de toques de salsas... Hay quien dibuja estrellas sobre él , quien presiona el tenedor hasta rajarle y quien escribe versos (y reversos). «Una comida bien equilibrada es como una especie de poema al desarrollo de la vida», disertaba Anthony Burgess.



El mantel es testigo de vida. Tela, papel, plástico, madera, nada... Una mesa en carne viva repleta de vasos de vino, de agua, de…

ÍDOLOS

De cómo el éxito es una bestia que puede acabar devorándote



EL COMECOCOS /
JESÚS TRELIS


Justin Bieber ha pasado de ser un adolescente adorable -así lo calificó Barack Obama- a convertirse en un joven monstruito con las neuronas aparentemente de vacaciones y las hormonas disparatadas. No en vano, los propios estadounidenses, que se apresuraron en su momento a abrirle las puertas para encumbrarlo al éxito, piden ahora que sea deportado a Canadá, su país de origen.
No es el primer "juguete roto" de esta sociedad que devora a sus ídolos con gran intensidad. Les conduce hasta lo más alto y luego deja que se lancen solitos por el abismo. El catálogo de niños estrella que son explotados y luego abandonados es amplio, continuo y repartido. De Joselito a Miley Cyrus hay sólo un paseíllo. Pero esto mismo pasa en todos los ámbitos de la sociedad. No sólo con los niños precoces.
Ya sé que no es comparable, pero el caso de François Hollande, presidente de Francia, empieza a tener ese tufillo…

RUE DU CIRQUE

De cómo la vida es un circo que recorre desde el Elíseo a las cataratas del Niágara EL COMECOCOS JESÚS TRELIS Siempre me ha atraído el mundo del circo. Mejor dicho, su estética y su escenografía. Un mundo que, bajo la delicada patina de la farándula, acaba convirtiéndose en un gran teatro en el que la magia y la sorpresa, el escalofrío y la ternura, se dan la mano para atrapar al público. Para fascinar. Impresionar. Aunque bien pensado, todo es circo. Cada uno contribuimos a nuestra manera. Sorprendemos por nuestras habilidades o torpezas. Por ser charlatanes o puro hierro sin sentimientos ni miramientos. Somos fortachones y ligones o los más feos de la carpa. Cerebritos que calculamos de cabeza o payasos rompetechos que nos enredamos con el viento. Personajes de circo que igual impresionamos por lunáticos que por pragmáticos. Por ser románticos o por ser sádicos. El circo se cuela tanto en las chabolas como en los palacios. Y es capaz de llegar con su caravana, incluso, hasta la ru…

ANESTESIA

La historia de tres ángeles a los que observamos de reojo mientras chapoteamos en el barro EL COMECOCOS JESÚS TRELIS -------------------------------------------------------------------------------- Si no te apetece leer duras realidades descuélgate ya de El Comecocos. Sería más gratificante tocar el violón contando lindas milongas, pero a veces se me enciende la luz roja en la conciencia y me aboca al mundo cruel. Aquel día, pasé la página del periódico de manera automática. Al darme cuenta de lo que había hecho, paré en seco. Me vino a la cabeza la imagen que acababa de dejar atrás. Un flash borroso. Volví a ella y allí estaba. El último ángel. Lo sujetaban varios hombres. Quizás tres. Era difícil distinguirlo. Daba igual. Mis ojos, en verdad, se clavaron en su rostro: boca abajo, caído hacia la nada, pendiendo de un escalofriante vacío. Inerte. Su piel estaba embadurnada de un polvo gris. Verdoso. Amoratado. Secuelas del atentado. Los ojos estaban cerrados y, a …

EL AGUAFIESTAS

Aunque es un día para el buen rollo, tengo que confesar que nunca me ha casado que algo tan serio como los inocentes acabe convertido en jornada de broma. No es que quiera actuar ahora de aguafiestas, menos en mitad de unas fechas tan entrañables, pero es que me produce sensaciones contradictorias.
La mayoría de cosas que me vienen a la cabeza al hablar de inocentes me hacen poca risa. Vaya, ninguna. De hecho, ahora que el año encauza su recta final, cuando hablamos de ellos aparecen en mi memoria las víctimas de la que, para mí, ha sido la noticia más vergonzosa de 2013: la tragedia de Lampedusa.


Debo reconocer que cada vez que vuelve a la actualidad la fatídica realidad de la isla italiana, recuerdo la imagen dantesca de lo que allí se vivió aquel fatídico día de octubre. 500 personas a la deriva. De ellas, 200 desaparecidas. Sepultadas por el Mediterráneo. Y entre ellos, aquellos niños que se ahogaron junto a las ilusiones de sus madres y sus padres. Buscadores desesperados de un fut…