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Mostrando entradas de 2015

LA MUJER DE LOS OJOS AZULES

No sé a quién votará. Bueno sí. No votará. Su mundo no está aquí. De hecho anda por la ciudad al margen de ella. Con un carro de la compra repleto de viejos trastos, ropas y andrajos, cartones y cuerdas deshilachadas que cuelgan por los lados. En una de las esquinas, a modo de lanza, como si fuera un Quijote, lleva una escoba boca arriba. En otro costado, sobresale rozando el suelo, un trozo de tela que parece delicada seda, un camisón rosa con puntillas que antaño acarició el cuerpo de alguna mujer fina.

Lleva un pantalón y, superpuesto, un pijama de algodón, una falda floreada, una enagua. Un suéter en la parte de arriba. Quizás dos. Un abrigo con una de sus mangas raídas y un pañuelo atado al cuello que recorre su cuerpo abrigando la nada. Su cabellera luce mechones canosos y caóticos; la piel la tiene reseca, arrugada, cuarteada. El gesto parece abstraído, con los ojos mirando hacia la nada. Ojos azules que iluminan de ingenuidad la cara de la mujer perdida.




La anciana y su locura d…

TRAS LA MADRIGUERA

Ahora que Alicia cumple 150 años, permíteme que saque de la chistera al conejo blanco de ojos azules que siempre corría y corría porque llegaba tarde. Muy tarde. Y permíteme que te empuje por su madriguera y te deje caer por aquella inmensa gruta repleta de armarios, sillas y otros trastos, y te meta en un peculiar País de las Maravillas que no es, puedes estar tranquilo, el que nos dibujan ahora esos locos sombrereros de la política que bailan y cantan, suben en globo, retransmiten partidos y hasta cocinan, si hace falta, huevos fritos para repelar el voto de algún vecino. 

Permíteme que te lleve a pasear por este lugar imposible en el que las estrellas (como pasó con las Michelin) pasan fugaces pero que, con el cazamariposas de la constancia, te aseguro que se pueden atrapar. Yo cogeré una para devolverla a los amigos de Vertical; dos, para Camarena que los de la guía se han debido despistar, y un puñado para repartir entre la tribu del delantal. 

Vente a mi país a pasear por los ac…

LA MUJER DE LOS LABIOS ROJOS

Me quedé ensimismado mirando el cuadro. Los cuadros de Modigliani me fascinan. O mejor, las mujeres de Modigliani me fascinan. Tienen una sensualidad, un trazo, una caricia encima que me atrapan. Me cautivan. Me secuestran. Un chino multimillonario se quedó el otro día, por la friolera de 158 millones de euros, con uno de ellos. Una mujer desnuda; los brazos abiertos; la piel anaranjada, ocre, rojiza; los ojos oscuros, y los labios llamándote.

El nuevo dueño de la bella dama fue de niño vendedor de bolsos y, cuando pudo adquirió una licencia de taxi, ahorro unos yuanes y compró unas acciones. La cosa en la bolsa le fue tan bien que acabó llenándose los bolsillos de dólares. Tantos que se coló en la lista de Forbes y se convirtió en uno de los grandes magnates de este planeta con forma de huevo.

Envidio a Liu Yiqian. No tanto por tener 1.272 millones de euros –que aunque suene frívolo, me da igual–, sino porque este multimillonario de aspecto desaliñado podrá vivir con ella. Con la dama …

SI FUERA JULIO VERNE

Escuché hablar de él por todas partes. Una exposición que han inaugurado en Madrid sobre sus andanzas literarias ha ayudado a ello. Su título me fascina. "Julio Verne: El límite de la imaginación". No puede haber mayor elogio. Ser el límite de sueños, de imposibles, de lo increíble que luego puede dejar de serlo. Verne es de esos personajes que conservo en mis frascos mágicos como un tesoro de inspiración junto a Leonardo (Da Vinci, para los amigos) o Lewis Carroll (con sus laberintos esperando tras el espejo).

Ellos forman parte de ese reino, tan precipitado como inesperado, de las fantasías en el que, de pronto, te sorprende un grillo que es un tranvía; un tranvía que circula por una ría que es en realidad una tubería; una tubería que desciende hasta las entrañas de un planeta que oculta bajo su piel un corazón de tela; un corazón de tela que es un grillo que es un tranvía. "¡Un gran galimatías!", te diría un personaje a lo gato de Cheshire con una amplia y malvad…

EN EL NOMBRE DE SATÁN

La luna. La noche. Él, bravo y crecido, murmura como ido sobre el pedestal. Un mar de fango por todos los lados. Un vertedero repleto de espantos. Restos, cuerpos, huesos, llantos. El azufre que emana del estercolero sobre el que reina el mismísimo Satán. «Míralos, inocentes», exclama altivo. «¿Halloween?», pregunta con sarcasmo entre carcajadas que espantan a los cuervos del lodazal. «No hay descenso a los infiernos», sentencia. «El infierno eres tú», grita desatando un viento huracanado y un delirio de relámpagos.

 La luna. La noche. Los vampiros deambulan por la ciudad. Los colmillos afilados, las manos azuladas, los ojos ensangrentados. Aparecen por todos los lados. Vampiros ‘molt honorables’, vampiros de cuello almidonado, vampiros con malas artes bajo la piel de un alcalde, de un falso amante, de un abusador, de un dictador, de un traficante. Vampiros que sobrevuelan la ciudad en busca de víctimas vírgenes a las que expoliar. Jóvenes a los que engañar.

La luna. La noche. Brujas di…

SEIS SENTIDOS

Los sentidos. Dice la RAE que es la capacidad para percibir estímulos externos o internos mediante determinados órganos. Los sentidos son también esa prolongación de un ser vivo que le diferencia de las rocas.



Oído. Ese sentido que nos permite percibir sonidos. La ambulancia que rompe la noche; el puñal del despertador que te alerta que se acabó el sueño; las sintonía de informativos; las palabras que suelta el locutor y tu cerebro procesa transmitiéndote alegría, sorpresa, estupefacción… y, de repente,espanto. "Tres niños más muertos en su intento de cruzar el Mediterráneo".

Vista. Cuando los ojos perciben algo a través de la luz. Las farolas, las últimas estrellas que se empeñan en mantenerse cuando ya ha roto la mañana; el reflejo del planeta enano llamado Plutón (donde hay glaciares, agua y qué se yo). La vista son imágenes: la de Mas, la de un soldado con su subfusil en Jerusalén, la de un pequeño en la playa –otro, debo insistir–, dormido para siempre.



Tacto. Sentido corp…

SEÑALES

Nubes que anuncian lluvias. Pasos de cebra que dan prioridades. Una señal de prohibido que se impone en imperativo. Una calavera que es símbolo de peligro, de que aquí hay piratas, de que la muerte ha venido. Una paloma que habla de paz. Una cruz que, si es roja, puede significar solidaridad. Una cruz que, si es de seis puntas, amarilla, cosida a un traje vetusto, te habla de horror, de holocausto, de un pasado atroz.
Una bandera que marca territorio, una blanca que habla de rendición, una estelada, una coronada, una rojigualda... Una bandera en la Luna que significa el inicio de la colonización. Un interrogante, pequeño o gigante, que siembra las dudas por todas partes. Indecisión, reflexión. "Ser o no ser, esa es la cuestión". De pronto, la exclamación. Un mandato, imperativo, obligación. Dictadores, ejecutores, sentencias, clamor. "¡A barrabás, a barrabás!".


En medio de todo ello, puntos por todas partes. Humanos entre señales. Humanos como hormigas en la urbe, en…

CAFÉ LARGO CON POCAS LECHES

Me gusta el café largo con poca leche por las mañanas. Ver romper el sol. Pasear por las calles cuando todavía las farolas están encendidas y que las luces sean amarillas. Me gusta oler a pan, a horno, a bollería recién cocida. Entrar en una pastelería e imaginarme comiéndome un pastel de manzana, de crema, de moka... ¿podría ser de chocolate amargo? Me gustacomer dulces. Y salados. Comer solo y acompañado. Me gustan las bravas, la tortilla de patatas, las gambas, la comida japonesa, la italiana, el arroz en todas sus modalidades, los tomates cuando son tomates, la berenjena rebozada, el gin tónic con poco gin.






Me gustan las mesas, las conversaciones que fluyen sobre ellas, que la gente hable, que a veces se atropelle pero siempre se respete. Me gusta escuchar al que sabe. Me gusta los consensos, los pactos coherentes, los entendimientos, que se superponga el bien común al particular, que los políticos bajen a la arena, que descubran lo que le cuesta a un anciano conseguir plaza en una…

DIABLO

La soledad se alió con el diablo y su vida cambió. Pulsó ‘star’ y todo empezó. El diablo le puso cuernos, un rabo, un tridente en forma de aparato que suelta disparos. Le vistió con zapatos de mafia, le ciñó americana a la italiana y le ajustó los bajos del pantalón. Le rapó el pelo por los costados, le puso cresta a lo David Muñoz, un pendiente de aro y un cinturón con una hebilla que lucía un dragón.

Salió a la calle crecido, mirando cara a cara al vecino que siempre le ignoró. Cogió un taxi. El conductor le miró. «¿A dónde vamos?», le preguntó. «A Cibeles o las Ramblas, llévame», le espetó. El taxista le observó desconcertado: «Pero… ¿de qué va esto, chaval?». El joven sacó de su americana un pistolón y le apuntó. «Que me lleves cabrón o te hago estallar el cerebro en mil pedazos», insistió. El taxista le miró asombrado, le pidió que estuviera tranquilo, que hablaran. El joven disparó un tiro hacia una de las ventanas que explotó como metralla. «Que me lleves a las Ramblas cabronaz…

LA TRASTIENDA

Una escalera caracol al fondo, un reloj, una mesa. Sobre ella, un poemario. Benedetti. "Despistes y franquezas". La ventana abierta. La brisa. La calle que despertaba al nuevo día. El panadero que descargaba en mitad de la gran vía. El bar que recibía panes. El bullicio de la cafetería. Solos, cortados, leche tibia. El olor a comida. La tortilla para los almuerzos que ya estaba lista. La tele encendida sin que ningún cliente atendiera lo que el busto parlante vomitaba. De nuevo Siria, de nuevo Cataluña, de nuevo el gesto agrio de las noticias. Otro asesinato a puñaladas de una mujer que se fue a enamorar del animal que iba a truncar su travesía. El hombre triste que acariciaba las servilletas. El que miraba el móvil una y otra vez esperando alguna alegría. Los dos amigos de oficina que no se pueden ni ver. El vapor que escupía la taza de té que el camarero servía a la única mujer que a esas horas estaba en el café. "¿Me sacarás una magdalena también?", le susurró m…

HOMO STUPIDUS

En una sima de la cueva Rising Star de Sudáfrica han localizado los restos de un humano que los que saben de estas cosas sitúan en la mitad de esa cadena que va del chimpancé (del australopiteco) al neandertal. Es, vaticinan, el eslabón perdido. Un humano con un pequeño cerebro que, quizás, ya estaba bordeando el sendero de la conciencia.

El descubrimiento del "Homo nadeli" emociona. Todas estas cosas fascinan: rebuscar en nuestro pasado, ver de dónde venimos, descubrir la evolución de ese humano que antes era chimpancé e iba saltando de rama en rama por los bosques de un planeta que era selva. Pero de aquel "Homo nadeli" que pesaba unos 45 kilos y medía metro y medio al humano actual, cada vez más extra largo y de peso muchas veces sobredimensionado, hay todo un mundo. Aunque no crea que el cerebro ha evolucionado tanto. O no, al menos, hacia donde tenía que evolucionar. El Homo sapiens que se esconde bajo nuestra piel empieza a engendrar una nueva especie, o otras…

POLLO A L'AST

Creo que el calor está empezando a pasar factura. Que las neuronas se van deshaciendo como cubitos de hielo en un cerebro que empieza a hacer aguas. Creo que encadenar ola africana con ola africana no puede ser bueno. Que estar con el cuerpo empapado de sudor todo el día es contraproducente para los nervios. Que uno acaba suspirando en exceso y siente que sus pulmones se llenan de fuego. Creo que mi mano es un abanico, que mi bigotillo un mar, que mi cabeza un sinfín de torpezas encadenadas por los ataques de algún que otro rayo solar que se ha dispuesto a quemarme, fulminarme, derretirme. Eliminarme. Creo que soy un pollo a l'ast, que la ciudad es vapor y se difumina como un escape de gas; que el asfalto es un animal invasor, una serpiente negra y ruin capaz de cogerte por los pies, atraparte, embadurnarte, tragarte. Creo que el cielo es el infierno, que el sol es satán, que los termómetros son detonadores que estallan y producen una lluvia ácida de grados centígrados que caen so…

EL PARQUE DE LOS EGOS

Me fui a verla, como siempre que necesito evadirme. Ella seguía allí. Impertérrita. Exultante, diría. Su cuerpo desnudo, el cabello recogido, una sutil túnica cayendo por el cuerpo. Un velo. Pensé que en algunas ocasiones me gustaría ser como ella. No sólo por su belleza, sobrenatural, sino por su manera de observar el mundo. Desde el vacío más absoluto, desde la nada. Sin alma, sin poder sentir, sin existir más allá de la pura presencia. La vida vivida como escultura. Como la hermosa Venus del parque. De mi parque. Su rostro caído hacia la derecha, sus pechos firmes, redondeando su conmovedora belleza. Blanca como el mármol que la moldea. Hermosa como las esculturas griegas. Una diosa a la que sólo le faltaban alas.



Pensé que si tuviera poderes se las colocaría. La despertaría del hechizo que le impuso el artista que la esculpió, le pondría las alas y de la mano huiría con ella de este lugar. Marcharíamos más allá del horizonte. De las fronteras. Correríamos por las calles como dos en…

PALABRAS

Hirientes, asesinas, inadecuadas. Acertadas, comprensibles, apasionadas. Amor y odio. Éxito y caída. Por ellas pasa toda la vida. Letras cosidas para espetarte, aclararte, explicarte, contarte, ordenarte, recordarte, informarte. Letras encadenadas que surgen de la bilis, del rencor, de la mala saña. Del cariño, de la pasión, del alma. Letras que se unen para formar palabras; que a veces se convierten en tu prisión, a veces en tu liberación. Dichas y desdichas, palabras.

Un tuit que nunca debiste teclear, un whatsapp que nunca debiste enviar, un carta que nunca debiste escribir, unas palabras que jamás debiste pronunciar. Palabras en la cuerda floja capaces de desencadenar disputas pasionales, berrinches familiares, altercados en la calle, conmociones nacionales. Palabras autoritarias: calla, vete, trabaja, arrodíllate. Palabras espeluznantes, macabras, repugnantes: atentado, ejecución, genocidio, paredón. Palabras al borde del abismo: vértigo, precipicio, depresión.

Palabras que son pro…

SOLO CINCO MINUTOS

Me da cinco minutos? ¿Quizá seis? Ya sé que es mucho pedir. Perder cinco minutos para algunos es algo así como perder la vida. "¡Con todo lo que tengo que hacer, no estoy para pamplinas!", escucho de fondo. Cinco minutos son todo. Puede serlo todo. Cinco minutos detrás de otros cinco minutos sin respirar. Como cuando te lanzas a la piscina, te sumerges y aguantas. Sales y luego llega ese alivio que te hace feliz. Pero te vuelves a retar. Te gusta dejar de respirar, que el tiempo te ahogue, tontear con el estrés, ser al fin y al cabo el ombligo de tu yo más excitado. Ser el satélite sobre el cual transcurre la vida a una velocidad atroz, vertiginosamente violenta. Cinco minutos.





Eres una hormiga ?una más? que transita a zancadas por el asfalto. Rápida, extenuada. El tiempo te lleva, te dirige, te manda. Una reunión, una discusión, una entrevista, una negociación, una llamada, una comida veloz, un ir y un venir. La saeta que te empuja, que te acelera, que te estampa sobre ella.…

INDECISOS

Durante estos días he ido enterándome de historias como que Bin Landen leía a Chomsky o que la mediática sor Lucía Caram estaba enamorada de Artur Mas, el president que vive sobre un soufflé. He descubierto que en Kenia han encontrado herramientas de piedra anteriores al Homo Habilis y que en Reino Unido están investigando a más de 200 políticos, artistas, deportistas... por cometer abusos sexuales. Estos días he visto a una princesa tomar la Primera Comunión con un vestido de colegiala (nada de tules y diademas floreadas) y me han dicho que dicen que se dice que el Real Madrid quiere prescindir de Ancelotti, que hace nada era el más de lo más en eso de entrenar.


Sí, durante estos días, he leído y he visto en los periódicos cosas que me han sorprendido. Y que me han hecho reflexionar. He visto a políticos que no salían de los mercados, obsesionados en parecer y hacer lo que no son ni hacen. Y he oído decir que en este país ya no se habla del paro, que si no eres joven en el tema de la …

EMPEZANDO UN NUEVO TIEMPO

Foto Jesús Trelis

LA VENGANZA DE ADÁN

De cómo una obsesión puede acabar en locura

Se había tatuado su condena en la piel. En los dedos de la mano derecha, cinco estrellas de David. En cuatro dedos de la izquierda, el nombre de cada evangelista: Juan, Mateo, Marcos y Lucas. En el meñique, el suyo. Adán. Muy bíblico. Como todo lo que heredó de mamá. La mujer que le hacía recitar el Catecismo todas las noches a la hora de cenar. En el brazo izquierdo, una cobra que trepaba en espiral por el antebrazo hasta alcanzar el hombro. Con la boca abierta y, entre sus afilados dientes, una manzana. La manzana. Y en ella, el nombre de Eva. Donde todo comenzó. En el contundente brazo derecho, sin orden ni concierto, empezando por la palma de la mano, una retahíla de nombres de mujer que pasaron por su vida. Comenzando por Isabel, su madre, y siguiendo con Pilar, Alma, Carol, Gloria... la última, con letras góticas, Jenny. 



Los párpados limpios, la cara resplandeciente, como estirada. Sin una arruga. Sólo detrás de una de sus orejas, en el…