CUPIDOS

De cómo un día de San Valentín todo se desbocó y empezaron a fluir las pasiones imposibles
EL COMECOCOS JESÚS TRELIS

Cupido enloqueció. Son las cosas que pasan en este mundo tan disparatado, en el que vivimos de sobresalto en sobresalto. El pequeño amorcillo se trastornó y sus flechas volaron de un lado a otro. Sin sentido. Como en el fondo es esto de los enamorados: siempre a un ápice del abismo del desamor.

Lanzó sus dardos sin querer ver. Sin saber a quién le iba a tocar. Y aquel 14 de febrero que nunca sucedió, se vio a Tsipras dando un beso apasionado a la canciller que tantos desamores y suspiros le había generado. Enloqueció el angelito y una de sus flechas atrapó a Susi Díaz y a un Pedro Sánchez convulsionado, tras ver desintegrarse su historia de amor fugaz con un tal Tomás con el que acabó algo más que divorciado.


Una monja besó al pastelero, la miss se enamoró del más feo, el viejo y la viejecita descubrieron que, entre tanta soledad, habían cruzado las manos... Y el amor despertó disparatado. Hubo escenas tórridas por todos los lados. Como si las sombras de Grey se hubiesen escapado entre callejas, parques y jardines urbanos.




En la barra de un bar de carretera se vio a unos moteros tatuados besándose en los labios como nunca en su vida lo hubiesen imaginado. Y en un descampado, a un skin acariciando a otro, a un fascista tonteando con una comunista, a la mujer del banquero liada con el portero y al artista con el torero. Como en aquellos tiempos en los que el Hola! se llenaba de historias castizas que a todo el pueblo entusiasmaba.



Putin le recitó a Poroshenko en un parque de Minsk versos de Pablo. Y un Obama extasiado cerró Guantánamo, y las fronteras se fueron derribando, y el amor inundó Gaza, y la yihad se deshizo entre poemas que tanta gente había leído: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente,/ y me oyes desde lejos?" (Neruda).



Sonaron canciones de amor por todos los lados. Empalagosas a lo Alborán, crujientes como Madonna. Se escucharon los violines y la gente empezó a bailar, a acariciarse, a apasionarse... Don Remendón con su mujer, la panadera con un coronel, el chico de la Once con la vidente que echa cartas en un café... María besó por fin al amor de su vida, el profesor a la profesora que tanto le atraía... y Juan a Estefanía y Estefanía a Carlos y Carlos a Juan. Y hubo tríos, póqueres y escaleras de color. "Te amo mujer de mi gran viaje/ como el mar ama al agua?", recitó Huidobro desde su estanque en el adiós rompiendo el cielo en dos.

Y en mitad de la lluvia desatada por un San Valentín desbocado, un maldito descerebrado le clavó el cuchillo en el corazón a alguien a quien decía que amó. Y fue el fin.


"El alma del mundo es como un pájaro herido/ que sangra en el amar", afirmó Fijman. Y el hechizo se esfumó. Besos

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