LOS HIJOS DEL VIENTO

De cómo el vendaval nos arrebató principios y pasados

EL COMECOCOS /JESÚS TRELIS


En la calle hacía un viento aterrador. Diría, con ese tono exagerado que acompaña a las palabras apasionadas, que era un vendaval feroz. Los toldos de los balcones zozobraban, los contenedores paseaban de un lado a otro, los coches temblaban y los camiones volcaban. Vi una papelera que atravesaba la Gran Vía como una paloma. Una paloma que se desplumaba. Un torbellino de plumas blancas que se enredaba y formaba una nube que trepaba por el cielo hacia la nada. Y un niño salió volando, sin alas.




Bajé a la calle temeroso. Fue pisar la acera y mi pelo se despeinó, mis ojos lloraron, los pensamientos se fugaron. Corrí tras ellos, los necesitaba. Sin pensamientos no era nada. Pero cuando más aceleraba el paso, más lejos se marchaban. Acrecenté mis zancadas, el vendaval me ayudaba. Pero a medida que más corría, más rápidos se escapan de mi cabeza vivencias, recuerdos? pensamientos. "¡No te vayas!", grité al ver cómo se fugaba de mi pasado aquel álbum de imágenes de la infancia, los libros de EGB repletos de garabatos, los años pletóricos de universitario... cuando la carrera era de cinco años y ser licenciado, un orgullo de familia.

El viento arrancó mis momentos de carcajadas entre colegas, mis tertulias entre cervezas y algún instante amargo. "¡No te vayas!", volví a gritar al descubrir que ese dios enfurecido me arrebataba la imagen del día que me despedí de él, hace ya de eso un buen ?y triste- puñado de años. Y salieron de mi cabeza los cuadros de mi admirado Modigliani, las esculturas infinitas de Alberto Giacometti, las canciones de la juventud arrebatada por el tiempo...



"Hoy el viento sopla más de lo normal / las olas intentando salirse del mar / el cielo es gris y tú no lo podrás cambiar / mira hacia lo lejos, busca otro lugar /y cien gaviotas donde irán". Ducan Dhu, Las memorias de Adriano, un poema de Bukowski, un abrazo de Galeano. "Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desnúdeme". La calle se deshacía, el asfalto desaparecía, los edificios salían disparados como si se hubiese despertado su alma. El mundo era un Turner en el que todo se escondía entre pinceladas de vapor, niebla, nada.


Eolo parecía enloquecido. Mi cuerpo era una cometa en manos de los vientos. Carne desnuda y cuarentona que 
volaba a capricho del Poniente y del Levante, del Gregal y del Garbí? Un cuerpo vacío, lleno de desmemoria, en manos de ese huracán que ha conquistado el mundo. Un vendaval que impone su ley para que no veas más allá de tu ombligo, del instante fugaz. Para que olvides qué han hecho contigo.


El viento nos lo había arrebatado todo. Estábamos vacíos, sin memoria, sin sentimientos, sin principios. Todo daba igual. Hasta los besos se escapaban de los labios.


Publicado en Las Provincias, el 31 de enero de 2015

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