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Mostrando entradas de marzo, 2015

LO IMPORTANTE

De cómo en mitad del Día de la Felicidad descubrí que se encuentra en las cosas más sencillas EL COMECOCOS- JESÚS TRELISLas cosas realmente trascendentes no están sobre un estrado; ni tienen delante el rimbombante calificativo de honorable, majestuoso, excelentísimo don Nadie. Las cosas importantes no están en las cuentas corrientes trepidantes, ni en ser un archifamoso delirante al que todos alaban de manera exagerada, desorbitada. Lo importante no es ser una estrella deslumbrante de los fogones, ni un intocable jugador de fútbol repeinado y requetatuado, ni un cantante al que todos adoran no tanto por cómo entona sino por todo el marketing que le encumbra.

Lo importante está en que alguien te arranque una sonrisa. Está en tener cerca a quien necesitas. En el beso del niño de tus ojos; en la gente que te apoya cuando, de pronto, sin previo aviso, te llega la desdicha. Lo realmente trascendente no es tanto unos huesos que dicen que son del padre del antihéroe de las novelas de caballerí…

CUANDO LAS LETRAS VUELAN

Cada día desaparecen dos librerías y con ellas, la vida

JESÚS TRELIS/ EL COMECOCOS


Pasaba las diez de la noche cuando cerraron la última caja. «Mañana más, abuelo», dijo muy cariñosa Emma. «Nos esperan para cenar», le susurró. «No voy a poder vivir sin esto; ¿qué van a ser de ellos?», sentenció Josep mirando las estanterías y desempolvando un viejo ejemplar de ‘Veinte poemas de amor y una canción’. «Este fue el primer libro que vendimos», le explicó. «Se lo autocompró tu abuela y me lo regaló; esas cosas que ella tenía», explicó entre risas. En un stand, las poesías inéditas de Neruda que acaban de publicar se removían. Una de ellas alzó la voz: «La nave es la nube del mar/ y olvidé cuál es mi destino…». Emma se giró, miró hacia las estanterías y, llevándose el dedo a los labios, reclamó silencio. «¿Decías?», preguntó el librero. Ella disimuló y le colocó la chaqueta sobre los hombros. «Va ser duro perder esto; maldita crisis», masculló el abuelo mientras Emma bajaba la persiana gritand…