CUANDO LAS LETRAS VUELAN

Cada día desaparecen dos librerías y con ellas, la vida

JESÚS TRELIS/ EL COMECOCOS


Pasaba las diez de la noche cuando cerraron la última caja. «Mañana más, abuelo», dijo muy cariñosa Emma. «Nos esperan para cenar», le susurró. «No voy a poder vivir sin esto; ¿qué van a ser de ellos?», sentenció Josep mirando las estanterías y desempolvando un viejo ejemplar de ‘Veinte poemas de amor y una canción’. «Este fue el primer libro que vendimos», le explicó. «Se lo autocompró tu abuela y me lo regaló; esas cosas que ella tenía», explicó entre risas. En un stand, las poesías inéditas de Neruda que acaban de publicar se removían. Una de ellas alzó la voz: «La nave es la nube del mar/ y olvidé cuál es mi destino…». Emma se giró, miró hacia las estanterías y, llevándose el dedo a los labios, reclamó silencio. «¿Decías?», preguntó el librero. Ella disimuló y le colocó la chaqueta sobre los hombros. «Va ser duro perder esto; maldita crisis», masculló el abuelo mientras Emma bajaba la persiana gritando con el pensamiento: «Ya podéis, chicos; hasta siempre». 





Cuando la oscuridad se apoderó la librería, empezaron a salir los libros que habían sido empaquetados; de las estanterías saltaron ejemplares de todo tipo y tamaño. Apareció El Quijote y Sancho y exclamó el olvidado rey Gudú: «¡Señores, que nos vamos!». Del rincón de los clásicos, un pequeño pero osado Nils Holgersson votó ciertamente alterado. «Calma, ya sabéis que Emma me ha puesto al mando», advirtió frenando de algunos personajes de alto mando por hacerse cargo de la Operación ‘Con las Letras Volando’. «Siempre fuiste el enchufado de Emma», le espetó el gato de Cheshire en brazos de una Alicia desconcertada. 




El personaje de Lagerlöf silbó y de su libro empezaron a salir gansos. «Venga, todos arriba, hay que prepararlo todo para cuando el sol rompa el día», exclamó por la librería. Miles de ocas empezaron a cargar con personajes y estrofas, y con libros actuales y pasados, de ensayo e ilustrados, de cuentos y de autoayuda. Libros y más libros que iban a emigrar hacia la libertad. Aquella mañana, cuando regresaron a la librería, Josep quedó impactado. «¡Nos han robado! ¡nos han robado!», gritó al ver la librería vacía, limpia, impoluta. Entonces, una manada infinita de gansos con Nils al mando, surcó el cielo del barrio. Sobre ellos, Alfanhuí y el Lazarillo, el Gurb de Mendoza y el siniestro perro de Baskerville; Frankenstein y Jonás sin su ballena. De las nubes brotaron letras, llovieron versos y pensamientos, números y hasta corchetas. Y de una guía de París surgió la Gioconda recitando a Neruda: «La nave es la nube del mar…». Emma abrazó al abuelo: «Tu librería vuela libre, puedes estar tranquilo», le dijo. Josep lloró. Flotó. Soñó. Se subió a una oca. Cada día desaparecen dos librerías en España. Y con ellas, se fuga la vida. Besos.

LAS PROVINCIAS, 7 DE MARZO

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