LA MALETA

El poderoso azar es el que acaba decidiendo si vives en el mundo Disney o en la tierra de los olvidados

EL COMECOCOS - JESÚS TRELIS


La fina línea del azar es esa que hace que un niño nazca en un país en el que puede coger las maletas para marcharse con sus padres unos días a Disney o que pueda nacer en un país en el que se tiene que meter en una maleta para cruzar las fronteras y llegar a la tierra prometida. La fina línea del azar ?esa que marca y remarca fronteras territoriales, sociales, culturales? puede hacer que seas uno más de los estirados occidentales o un trozo de carne embadurnado de moscas en el ignorado Sur, donde impera el hambre, las sequías, los saqueos...
el olvido.

La línea del azar puede hacer que seas una niña feliz, enamorada de los Gemeliers, vital, sonriente, querida. O que formes parte de esa legión de pequeñas, cerca de 200, que han sido liberadas por el ejército nigeriano en el bosque de Sambisa, donde habían permanecido secuestradas por milicianos de Boko Haram. 200 mujeres y niñas que, tras lograr la libertad, han descubierto que están embarazadas. La última humillación de los terroristas que les violaron y maltrataron y sepultaron su infancia.


El azar es ese que hace que llegues al mundo con un don. Y que ese don te permita ser futbolista de Primera. Y que seas admirado y elogiado, un archimillonario vitoreado. Un tipo sin pudor capaz de ponerse en huelga por una cuestión de impuestos. Mientras sus súbditos nos preocupamos porque se suspenden los partidos, la Liga o cualquier otro torneo de esos que nos tiene carcomido el sentido común.


La línea del azar es esa capaz de darte el privilegio al nacer de que, por pegarle a un balón con gracia, vayas a ser vanagloriado, recordado durante décadas, mucho más que quien pueda dar con la vacuna que acabe con el sida, que quien descubra una pintura para frenar la malaria y salvar miles de vidas, que quien trabaje por zonas devastadas en busca de supervivientes de un terremoto atroz que, pasada la conmoción, caerá como los edificios en el pantano de la indiferencia.

La fina línea del azar es caprichosa. Y de pronto, resulta que tú eres un pequeño sin opciones para cambiar tu realidad. Y que te encuentras viviendo en una casa, en un hogar, en el que, entre los gritos habituales, llega tu padrastro con un cuchillo y te lo clava y hace que tu cuerpo caiga, desfallezca ante el espanto total de quien después leerá la noticia y, al tiempo, la olvidará porque lo que imperará en la actualidad es la batalla electoral. Ese caprichoso intermedio entre saqueo y saqueo.

La línea del azar es delgada y tú y los tuyos igual estáis aquí que allí. Con los desgraciados o con los agraciados, en el Sur o con los del mando. Todo es azar. Lástima que la venda de los ojos no nos deje ver más allá la frontera de nuestra supervivencia. Besos





Las Provincias, 9 de mayo de 2015

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