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CAFÉ LARGO CON POCAS LECHES

Me gusta el café largo con poca leche por las mañanas. Ver romper el sol. Pasear por las calles cuando todavía las farolas están encendidas y que las luces sean amarillas. Me gusta oler a pan, a horno, a bollería recién cocida. Entrar en una pastelería e imaginarme comiéndome un pastel de manzana, de crema, de moka... ¿podría ser de chocolate amargo? Me gusta comer dulces. Y salados. Comer solo y acompañado. Me gustan las bravas, la tortilla de patatas, las gambas, la comida japonesa, la italiana, el arroz en todas sus modalidades, los tomates cuando son tomates, la berenjena rebozada, el gin tónic con poco gin.






Me gustan las mesas, las conversaciones que fluyen sobre ellas, que la gente hable, que a veces se atropelle pero siempre se respete. Me gusta escuchar al que sabe. Me gusta los consensos, los pactos coherentes, los entendimientos, que se superponga el bien común al particular, que los políticos bajen a la arena, que descubran lo que le cuesta a un anciano conseguir plaza en una residencia, cómo se estudia en un barracón, cómo se come en casa de una persona a quien se le acabó el paro o comparte la pensión con sus hijos desempleados.




Me gusta el mar en invierno, la montaña en verano, el agua fría en la piscina, la ducha caliente. Me gustan los champús que no huelen, las colonias suaves, las sábanas de algodón (blancas mejor), los zapatos que no son zapatos, las camisas sin cuello, los pantalones de camal estrecho, vestir de negro. Me gusta escuchar a Cullum, a Zaz, al Serrat de antaño, los poemas de Kavafis, los principios de Bukowski, lo desconcertante de Houellebecq. La Gloria Fuertes para mayores, las andanzas de Alfanhuí, los galimatías de Lewis Carroll, las melancólicas de Llamazares, los versos indiscutibles de Montero, los poetas clásicos y los que no.




Me gusta a rabiar Gabo, Cela, Mendoza. El Obabakoak de Atxaga, las pinceladas de Francis Bacon, la herencia pictórica de Turner, el exotismo de Gauguin, el claroscuro de Caravaggio. Las esculturas de Botero y los suspiros de Giacometti. Me gustan los museos y perderme por ellos. Los aeropuertos y perderme también por ellos. Me gusta viajar de Medellín a Johannesburgo, de Las Hurdes a Malasaña, de Vermont a las chabolas de la selva ecuatoriana. Atravesar las fronteras para darme cuenta que son un cuento, descubrir que las banderas son sólo banderas. 




Me gusta volar para no escuchar los bombardeos, las algarabías nacionalistas, la verborrea electoralista. Me gusta la paz y vivir en paz. Me gustan tantas cosas que por eso no entiendo por qué Facebook quiere colocar ahora el "No Me gusta", con el mal rollo que generará.

Me gustan los días, los besos, la vida. El café largo con pocas leches.

El Comecocos, Las Provincias, 3 de octubre de 2015

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