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SOMBRERO DE PIRATA

El niño que medía poco más de un metro y medio se asomó a la ventana de su habitación en mitad de la noche y preguntó a una nube que flotaba por allí entre estrellas y media luna: "¿Qué movida tenéis por ahí arriba que nadie me logra descifrar?". 

La nube no le contestó, como es lógico. Las nubes no hablan. Pero sí que respondió a su pregunta un tipo con sombrero de pirata y larga barba pelirroja (medio rizada, medio alocada). "¿Movida aquí? ¡movida ahí!", le espetó. "No se os puede dejar solos, humanos engreídos. Os cogéis el planeta por montera y lo hacéis trizas", exclamó dando un salto de la nube a un tejado, del tejado a un árbol y del árbol a la habitación del niño que medía poco más de un metro y medio. "¿De dónde sales tú, carajo?", le preguntó con desparpajo el pequeño. No creas que sorprendido, ni siquiera atemorizado. De hecho miraba a ese personaje medio extraplanetario con total naturalidad. "¡De dónde voy a salir! De mi nube transportadora. A estas alturas de tu infancia, ya casi madura y a punto de quedar en nada, deberías saber que cuando uno es niño puede hablar con locos chalados como yo, que os ayudamos a descifrar lo que ni científicos, ni sabios, ni relamidos tertulianos saben contar", le argumentó el extraño personaje tocándose la nariz –bien puntiaguda, por cierto–. 


El pequeño no dudó en responder que él ya sabía de su existencia, que tenía claro que el universo está repleto de personajes extraños que muchos mayores no saben ver y que la Tierra es sólo un lugar de paso. "Cuando nos morimos, nos desintegramos pero luego resucitamos en una estrella que acaba, como los gusanos de seda, reconvirtiéndose en una mariposa de la que luego salen personajes extraños como tú", le argumentó aturullado el chaval. "Lo que quiero saber es por qué con todos los poderes que tenéis ahí arriba, no nos echáis una mano y frenáis los despropósitos humanos. Atentados, malvados, ladrones...".

El personaje pelirrojo le gritó alterado que eran los hombres los que se tenían que poner de acuerdo para frenar su patético devenir: "Os estáis autodestruyendo en nombre de no sé qué divinidad, intereses peculiares, egoísmos exacerbados...". El niño le pidió que no le hablara así, que él era sólo un pequeño renacuajo en ese planeta alocado. "No soporto ver tanto muerto en la tele, a gente viviendo en el barro, a mi madre llorando...". El hombrecillo se quitó su sombrero de pirata, miró hacia su nube y suspiró. "Te has hecho mayor, querido. Éste será tu último sueño", susurró. Y abrazando al niño, soltó una lágrima y se desintegró. 



Al amanecer, el pequeño que medía poco más de metro y medio había desaparecido de la habitación. En su cama dormía un jovenzuelo. Carne de monotonía. Por el suelo, un sombrero de pirata. Besos.

El Comecocos, Las Provincias, 26 de marzo de 2016,

Comentarios

  1. En ocasiones me asomo al balcón, miro al cielo y busco a mi pirata. Lo reconozco, en ocasiones soy ese niño. Nunca he querido que se marchara.

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  2. Que triste y bonito, que siempre consigas veral pirata aunque solo sea a veces nietina

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