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BUITRES EN LA VENTANA

Cuando una simple gota puede acabar desencadenando un mundo


Una gota tras otra se escapaban monótonas del grifo del lavabo. Inapreciables, hasta que dejaban de serlo. Como el sonido de una saeta. Inapreciable hasta que las canas delatan su existencia y descubres que ya todo pasó. Y asoma la muerte. Silenciosa. Inapreciable, ella también. Hasta que te devora. Como las gotas del lavabo.

La puerta del aseo estaba abierta, dejando escapar su presencia. Cansado del sonido cansino se levantó a blasfemar ante el espejo: "Maldito grifo". Apretó el mando del agua caliente. También del agua fría. Las gotas se resistían. Se precipitaban, una tras otra. Suicidas. "¡Qué esquizofrenia!", murmuró el joven apretando los mandos.

Puso la yema del dedo bajo la salida del grifo. Las gotas rebosaron a su alrededor. Difuminándose a través del dedo. Reinventándose. Lo dejó. Salió rápido del aseo. Cerró la puerta con energía. Volvió a su mesa. Cogió de nuevo el bolígrafo, el papel, la inspiración, un puñado de letras. Siguió con su poesía. "Con los cuerpos encaramados al sol/ Crueles aparecieron los buitres".

Cayó otra gota. Otra vez la voz del agua suicida. Constante. "¡Mierda, mierda, mierda!", exclamó. Cogió el poema con los cuerpos encaramados al sol y los crueles buitres acechándolos y lo lanzó al aire reconvertido en amasijo de papel. "¡Mierdaaaa!", gritó mientras, de pronto, el móvil empezó sonar reclamando su cuota de cariño. "Chari, hermana", leyó en la pantalla. Pulsó que no. No quería contestar. Tenía bastante con el agua del grifo rebosante, con el poema hecho añicos, con el minutero escapándose por su muñeca mientras su poesía contrarreloj dormitaba, entre buitres, sin avanzar.




Regresó al aseo, apretó de nuevo con rabia los mandos, taponó el grifo enrollándolo con una toalla y estalló, otra vez estalló: "¡Mierda, mierda, mierda!". El móvil sonó de nuevo. Sonó y sonó. Corrió hacia él. Chari, hermana. "¿Qué pasa?", exclamó acalorado. Excitado. Nadie contestó al otro lado. Había colgado. Devolvió la llamada. Comunicaba. Soltó el teléfono, cogió otro folio y otra vez escribió. "Día de la Poesía: Buitres en la ventana". Subrayó el título. "Lo mío no es la lírica", refunfuñó. "Con los cuerpos tendidos al sol/ Crueles aparecieron los buitres", reescribió. Siguieron versos amargos: "Como las gotas se precipitan en el desagüe/ Los encontraron abrazados sobre el asfalto/ Cuerpos reventados /Manos entrecruzadas".

Sonó el móvil. Chari. Un wasap. "Mami dice que te recuerde que mañana tienes que entregar la poesía; al final suspenderás". Masculló improperios. "Aprobaré", sentenció. Miró el poema a medio hacer. Un amor imposible, cuerpos reventados, manos entrecruzadas.... "Una carta manuscrita/Ella que le besaba a ella/ Un beso de despedida/ Buitres en la ventana". Una gota tras otra.

'El Comecocos'. Las Provincias, 25 de marzo de 2017.

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