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¡BANG!: LA INCREÍBLE HISTORIA DEL MAGO QUE ACABÓ CON LA CABEZA COLGANDO

Las Provincias, 20 de mayo

El periodista dejó escrito en una cuartilla lo que le habían contado. Decía que habían encontrado el cuerpo del mago en el camerino del teatro. Estaba vestido con el chaqué con el que había hecho el espectáculo y tirado sobre un sofá. La cabeza se intuía desencajada. En el suelo, una pistola, aparentemente de plástico. La chistera parecía haber caído de su cabeza de manera imprevista y haber rodado hasta tropezar con la puerta de un armario. Con su mano derecha, sujetaba una varita mágica. Típica: Negra con los bordes blancos. Tenía la pajarita medio colgando, atada al cuello, y el último botón de la camisa desabrochado.

Acudió la policía. Dos agentes. Y el juez de guardia. Jueza, en este caso. Fotografiaron todo. Señalaron los elementos sospechosos. Hicieron sus pesquisas y tomaron huellas. Cuando uno de ellos cogió el arma para analizarla, se disparó. Una banderita salió con un "¡bang!" escrito en ella y causó un sobresalto. "¡Leches!", exclamó el agente que cogió la pistola ante la mirada estupefacta de la magistrada.

Imágenes de dos pintadas urbanas en los Poblados Marítimos de Valencia (Desconozco el autor de los grafitis. Las fotos: J. Trelis)


Un ruido les llamó la atención. Dentro de la chistera se escucharon unos gruñidos. La jueza observó el interior y, con asombro, descubrió un conejo blanco acurrucado que le observaba asustado. Lo cogió levantándolo por el cuello y, cuando alcanzó la altura del pecho, el conejo se convirtió en un pañuelo sedoso que se le cayó de las manos. "¡Leches!", volvió a exclamar uno de los agentes. "Atrás", dijo otro a la jueza mientras ella movía el pañuelo con el botín.

Ella se quedó mirando al mago. "Cabrón, eres brujo de verdad", le espetó. Él incorporó su cabeza y abrió los ojos, casi negros, como si hubiese recibido un calambrazo. De su varita mágica, surgió un destello de luz que fue a dar a la chistera. El sombrero salió volando y cayó a los pies de la jueza. Los agentes sacaron sus pistolas, apuntaron hacia el mago; la magistrada dio un grito de espanto. La cabeza del mago volvió a quedar colgando y, de sus mangas, salieron un puñado de cartas. Ases, damas. De pronto, de la chistera volvió a salir un conejo. Miró a la jueza, ella lo apartó de una patada y el animal se convirtió en un pañuelo blanco.

El cuerpo del mago fue incinerado; tardó días en quemarse. La autopsia decretó que había muerto por accidente, practicando el truco de la cabeza colgante. Los policías fueron apartados por dementes. La jueza, inteligente ella, negó lo que ellos habían contado. El CNI decretó secreto de estado.

Imágenes de dos pintadas urbanas en los Poblados Marítimos de Valencia (Desconozco el autor de los grafitis). Las fotos: J. Trelis)


El periodista acotaba al final de su crónica que, si alguien no le creía, él tampoco nunca pensó que Trump ganaría. Ni lo de las rumanas intérpretes, ni lo de Ferrusola y la madre superiora, ni que una canción hermosa ganara Eurovisión. Y tan pancho, publicó su notición. "¡Bang!" Besos

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