Ir al contenido principal

UN DIBUJO PARA MAMÁ

Andaba inquieta porque no sabía que regalarle a mamá. Pensó en salir al jardín y arrancar unas flores. Pero su edad no se lo permitía. "Además, los pétalos se me espachurrarán durante el viaje; las rosas son puñeteras", se dijo dándole vueltas a la cabeza.

Pensó en dibujarle algo bonito. Una mamá bien alta, con una melena larga, que tuviera una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos inmensos. "Tienen que ser azules, como el mar. A ella le gusta el mar", murmuró. "Y alas, debe tener alas, como los ángeles. Los ángeles tienen alas blancas", se fue diciendo mientras cogía de mitad de la mesa una cuartilla y las pinturas de colores. "Aunque ella quizá estaría más contenta si le comprara algo bonito. Un bolso pequeñito", exclamó empezando a trazar sobre el papel a su madre. Zapatos de tacón rojos, unas piernas bien largas, una melena que le salió morada porque se equivocó al escoger el color. "No puedo ir a comprarle un bolso", continuó reflexionando.



Mientras el dibujo de mamá tomaba forma, pensó que si ella fuera madre le gustaría que su hija le regalara un inmenso tarro de cristal con caramelos de fresa. "De fresa y nata", le aclaró a su pensamiento. "A mi madre le gustarán también", se dijo urdiendo cómo podría conseguirlos.

"Mamá, te quiero", escribió justo debajo del dibujo. Pintó un corazón pequeño y otro más grande y los coloreó de rosa casi rojo. Miró con algo de distancia su trabajo y espetó: "¡lo veo vacío!". Y empezó a pintar con el pulso tembloroso a una niña que cogía a su madre de la mano. "Esa soy yo, con un ramo de flores del jardín y un montón de caramelos de fresa y nata en el bolso", se dijo acabando de garabatear su pequeña gran obra. Un sol en lo alto, unos ojos y una sonrisa en el corazón más grande y.... "¡alas, nos faltan las alas!", exclamó. "Sin alas no podemos vernos", se dijo mirando al cielo. "Los ángeles tienen alas", repitió mientras el personal de la residencia recogía las pinturas y le ayudaba a levantarse.



"¡Cógete al bastón fuerte, tú puedes!", le animó el cuidador. "Mañana es el día de la madre", le murmuró ella mientras andaban por el pasillo camino de su habitación. "No; es hoy; hoy es el día de la madre", le contestó el joven agarrándola del brazo mientras caminaba junto a ella de forma pausada. "He pintado un dibujo para mi mamá", le dijo ella. "Estamos las dos, con alas; como los ángeles", sentenció. Él la miró con ternura. "¿Con alas?", le preguntó con cara de sorpresa. Sacó un caramelo y se lo dio. "De fresa y nata, como te gustan", comentó. Ella sonrió, le miró a los ojos y mostrándole el dibujo que llevaba entre las manos le dijo: "se lo tengo que llevar hoy a mamá". Esa noche sacó sus alas y voló junto a ella. Allí arriba, tantos años después, la besó.

El Comecocos. Publicado en Las Provincias, el 6 de mayo de 2017.

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIS PASEOS CON CHATI

Se llama Chati. (Sí, es cursi; lo sé). Llegó a casa hace unas semanas. Tenía cuatro meses. Patas de medio metro, pelo color canela y una orejas simpáticas. Es mestiza. Podenca y algo más. En el fondo, como todos: sangre de aquí y de allá; del sur y del norte; de abuelo republicano y del abuelo del otro bando; de origen humilde aunque con un tío millonario en América. Mestizos, por todos lados. Un honor. Aunque Hitler y otros locos por la raza nos hubiesen fulminado. Con la mirada. Y algo más.
Su mirada, la de mi mestiza, tiene destello. El brillo de la inocencia, de la gratitud, de sentirse (de pronto) feliz. Aunque en el fondo, también esconde una patina de nostalgia. Por lo vivido, supongo.

A Chati la encontraron deambulando por una autovía, con su madre escuálida y malherida a su lado. Las dos, en medio de la jauría de coches. A su madre, la sacrificaron. Ella, emprendió un nuevo camino a nuestro lado. Y cuando la veo, pienso en ese toque inhumano que, quizás por falta …

SACAPUNTAS

Le encantaban los sacapuntas. Los de metal de toda la vida. Y esos manuales que le das a la manivela y afila el grafito hasta parecer un punzón. Un punzón tan afilado que las palabras salían de él cortantes. Crimen, desamor, estulticia, vergüenza, corrupción, emoción, pasión.
Escribía sangre y con ella montaba una carnicería. Escribía carne y con ella montaba un banquete. Y escribía banquete y montaba una historia en la que un chef de la vieja escuela cocinaba el mejor solomillo Wellington con un delicado puré de patatas al estilo de Robuchon. "Comed queridos, comed", gritaba a sus comensales el cocinero en medio de la algarabía.

Todos ellos eran invitados de excepción para esta historia, en la que un lápiz muy afilado hacía de anfitrión y elegía a quién sentaba a su alrededor. Como si el hecho de poder escribir lo que quisiera, le dotara de un poder extraordinario. El poder de la libertad de expresión: de tener un púlpito desde donde dejar correr las palabras, un estrado desd…

GARABATOS

En el mundo de los políticos y compañía, como si fuera una novela de Agatha Christie, jugaban a los diez negritos eliminando pasito a pasito a los ministros. O intentándolo. Mientras tanto, en el mundo real, una pareja de ancianos, de 70 y pico años eran desahuciados porque la pensión por debajo de 400 euros ya no les daba para más. Por vergüenza al que dirían, se fueron a vivir a un parque casi en secreto. Y allí pasaron los días mirándose en un banco y durmiendo, posiblemente abrazados, bajo un árbol. Mientras el tiempo y la amargura iba pasando de puntillas por su lado.

En el mundo de los políticos y compañía, se reían a carcajadas por la intervención de Donald Trump en la ONU, que aseguraba que en dos años había conseguido más logros que nadie. Mientras, en el mundo real, dos niñas de 6 y 3 años eran asesinadas por su padre de forma salvaje. Y de nuevo, esa crueldad dejaba sobre la mesa la feroz realidad que nos rodea en la que los pequeños son las víctimas de una lacra que no cesa…