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TENÍA UN SUEÑO... Y SE ESCAPÓ

Tenía un sueño. Y estaba empeñado en cumplirlo. Pero un día, mientras jugaba con él de madrugada, la quimera se le escapó. Se le fue de las manos como una pompa de jabón. Sabía él que, si lo tocaba, estallaría y desaparecería en mil partículas de sueños incumplidos. Así que, a una prudente distancia, lo fue siguiendo por la casa, moviendo las manos a modo de abanico para que, rodando y rodando, su ansiada fantasía volviera a sus pensamientos. Pero el sueño, caprichoso, seguía libre su trayecto: volando por el techo, tonteando entre la lámpara de la habitación y acercándose temerosamente hasta la ventana del comedor. "No, no... no te salgas", gritó. Y el sueño bailó con él: como que sí, como que no…. hasta que se fugó.




Rodó hasta el exterior. Él se asomó. "Vuelve, por favor", sollozó. "Me cuesta tener sueños", balbuceó. El sol iluminaba la utopía danzante convirtiéndola en un prisma de colores que brillaba por el cielo. Era primavera en la ciudad y las golondrinas, a primera hora del día, volaban con entusiasmo entre las fincas más altas de la ciudad. Meteóricas, desafiantes.

Una de ellas, muy pequeña, voló alrededor de aquella fantasía jugueteando con lo que había allí dentro. Él, que observaba desde su ventana el espectáculo, le gritó: "No te acerques; es mi sueño, si lo tocas estallará". El pequeño pájaro seguía, ajeno a los gritos de aquel hombre atolondrado, planeando alrededor de aquella especie de nube de cristal y mil colores en la que se reflejaba su esbelta figura. A veces azul casi morado; a veces plateada casi blanco.



Las alas de la golondrina, inesperadamente, hicieron que el sueño rodara en dirección inversa y que el vientecillo que le rodeaba acabara devolviéndolo hacia la ventana. Él se entusiasmó. "Sí, sí, sigue así", le rogó. Para atraer a la golondrina, mojó un trozo de pan con vino que había quedado de la cena del día anterior. "Ven con mi sueño, mira qué tengo", exclamó.

Y, como si los dioses que se lo habían quitado estuvieran jugando con él, la golondrina y su quimera empezaron a retroceder. El sueño,convertido en masa multicolor, entró por la ventana y se fue posando sobre su cuerpo. El pájaro se colocó entre sus dedos y picoteó el pan con vino y cantó como si fuera, más que golondrina, un gorrioncillo.

Cuando su quimera le atravesó el cuerpo, se sintió feliz. Cerró los ojos y vio todo lo que había perdido: su casa, su mujer, sus niños... La golondrina cogió con su pico el pedazo de pan de sus dedos; él abrió entonces los ojos sobresaltados y se vio, de nuevo, en el banco de un jardín donde había dormido. El tetra-brick de vino, sus enseres entre cajas de cartón y su vida hecha añicos. Aquel día volvió a deambular por la ciudad en busca de su sueño. Besos.


Publicado en Las Provincias, 4 de junio de 2017



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