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Mostrando entradas de mayo, 2018

LA HORA DE PARTIR

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Sentado en el Siete Ballenas, fui observando el transcurrir de la barra en busca de alguien que me inspirara una historia que contar. Dos señores, más bien cerca de los sesenta, hablaban de bochornos. Bochornos en general. Trump, chalets, blanqueos, banderas, politicastros. «¿Seguro que quiere otra más?», me preguntó el camarero. Moví la cabeza diciendo sí, mientras dejé correr el lápiz rápido por mi libreta. Dibujé una esfera de un reloj con sus dos saetas. «Es la hora de partir», escribí a su alrededor. Imaginé el minutero correr por él. «¿Por qué le llaman Siete Ballenas a la taberna?», pregunté. Me dijo malcarado el camarero que no tenía ni idea, aparté la libreta con la saeta y el minutero imaginario corriendo por ella y bebí un sorbo de la copa que me había dejado. «Delicioso», me dije saboreando los añejos del ron. Y volví a escribir en la libreta: «es la hora de partir».

En la barra seguían los señores abochornados. «Ya estoy muy acostumbrado a mí mismo», escuché decir a uno. …

EL LADRÓN DE SUEÑOS

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A medida que va pasando la semana, la esquina derecha de mi mesa se va llenando de recortes de periódicos (de todos) pendientes de leer. Recortes que en la mayoría de casos  se quedarán amarilleando allí, porque el maldito tiempo absorbe nuestra existencia a placer y vivimos más a merced de cuestiones impuestas que de necesidades (placeres) personales. 

Rebañar al minutero segundos para bucear por donde uno quiera, parece misión imposible. Sin darnos cuenta, hemos puesto una camisa de fuerza a nuestra existencia y cuando queremos darnos un gusto, tenemos tantas ansias que suele ser desbordado, acelerado. Hemos aparcado el placer por el placer: lento, pausado. El del tiempo sereno y reposado que permita ir cultivando nuestras necesidades corporales o intelectuales.  Como leer un buen artículo sobre el padre del nuevo periodismo, sobre Tom Wolfe, y aprender un ápice de lo que él fue. «Dedicaba un tiempo enorme a la documentación, escuchaba a todos cuantos tuvieran algo que decir sobre …

LA ÚLTIMA PÁGINA

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Ando por la página 225 de ‘El ferrocarril subterráneo’. El libro de Colson Whitehead transita ya por sus últimas estaciones. Me entristece pensar que dejaré a Cora y todos los personajes que le acompañan (o fustigan) en esta demoledora historia.

Esta semana escuchaba, no sé bien dónde ni a quién, lo ingrato que suele ser llegar a la última página de un libro. Más todavía cuando ese libro te ha atrapado. Te ha engullido. Cuando eso pasa, te puede la desazón porque es como poner punto y final a una vida paralela que, durante varias semanas, te ha regalado algún escritor al que nunca conocerás. En el fondo, ahí está la magia de los libros. Y su pesar.

Pensar que me voy a separar de Cora, en estos momentos en los que todavía no sé qué va a ser de ella, me da cierto vértigo. Y, como en otras ocasiones, ralentizo el adiós. Aunque debo confesarte que ese pánico de quedarme huérfano de historia, me suele ocurrir con frecuencia. Siempre que frases bien trazadas y personajes con alma me regala…

LOS BANQUETES PENDIENTES

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El encuentro entre los mandatarios de las dos Coreas fue un acontecimiento histórico. Como en todas las grandes ocasiones, la mesa también jugó su papel como punto de encuentro y de unión. Una mesa transformada en un banquete de la concordia por la que pasearon platos repletos de simbolismo, como unos fideos con caldo de carne con rábanos, pepinos y medio huevo cocido muy populares en la Corea del Sur de Moon Jae In. O un rostí hecho con grasa animal a modo de Suiza, que parece estaba ligado a la infancia del líder norcoreano, Kim Jong-un.
El momento me hizo pensar que si me tuviera que sentar con algún enemigo, quizás usaría como arma para desmontar nuestras diferencias un buen arroz (que tanto habla de dónde vivo), precedido de algún marisco sin excesiva pretensión (¿unas gambas rojas?) y culminado con unas natillas únicas, que son por las que suspiro cuando pienso con la mujer que me trajo a este mundo. Un mundo repleto de banquetes pendientes. Y necesarios. Un mundo al que le falta…

CAÑONAZOS EN HYDE PARK

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Esta semana, las tropas del rey (en este caso de la reina de Gran Bretaña) dispararon 41cañonazos en Hyde Park. La Compañía de Artillería, otras 62 salvas desde la Torre de Londres. Todo, en honor del nuevo miembro de la familia real inglesa. La duquesa de Cambridge acababa de dar a luz a su tercer hijo: un varón que pesó 3,8 kilos. Kate Middleton parió por la mañana, a eso de las once; por la tarde ya posó con su bebé en las puertas del hospital.

El feliz momento me hizo pensar que el retoño de los príncipes de Cambridge había tenido suerte (o al menos más suerte que otros): iba a tener asegurada una exquisita educación y unos privilegios sociales posiblemente extraordinarios. Y hasta podría montar a caballo a placer en cualquiera de los castillos que la casa real británica tenga repartidos por su mundo.

Pensé que la aparente fortuna había sonreído al pequeño (aunque el tiempo dirá). Igual que les pudo sonreír a mis hijas por haber nacido en un país que, con sus achaques (especialment…