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LA SONRISA DE LA HIENA

El cantautor se quedó mudo. La voz le dio la espalda. Es como si el lápiz sale por patas de la mano del escritor. Palabras que resbalan de un diccionario. Los colores que escapan de la paleta del pintor. Un verano sin sol, un vaso con bourbon que alguien no se terminó y una canción inacabada.

Es como la vida, a la que los acordes le fallan. La orquesta del cuerpo se resquebraja; desafina el piano de los sentidos; el sonido de la trompeta se oxida; se rompen las cuerdas vocales del tenor que entona el tic tac del reloj que marca el paso de los días. Sólo suena un adagio anunciando el adiós, mientras sientes que te vas esfumando.


Eres una estrofa mínima en la inmensidad de la ópera del olvido. Una maleta perdida. Una postal nunca enviada. Un libro a medias. La tinta que se reseca en el tintero. Una diminuta hormiga a la que le aplasta los pies monstruosos del paso del tiempo.








Los años son, aunque digan lo contrario, puñaladas a largo plazo. De las que quiebran tu piel ya amojamada, de las que hacen sangrar tus defectos, de las que abren en canal los pensamientos. Te haces reflexivo, pero estás de vuelta. Un tipo comprensivo, pero no das treguas. Eres, a tu manera, ese viejo que lo mismo da que tanto le da. Un tipo anclado en ese momento de la vida en el que te es indiferente si el grifo gotea, si la cocina amarillea, si la puerta chirría de vieja. La realidad vetusta: canas, arrugas, vértigos, desgana, silencios. La muerte sentada en tu mecedora espera la hora.


Las fotos de la boda se visten de sepia. Las cartas de amor, en la basura. La dentadura. La soledad, como condena. La invisibilidad, como compañía. El profundo perfume de la sepultura colándose entre los geranios que ya nunca más lucirán lozanos. La nevera, vacía. El teléfono, callado. El espejo que ya ni te mira. Tu reflejo parece la historia de una pesadilla. En la mesa, unas lentes con las patillas reforzadas con cinta adhesiva.





"¿Quién soy? ¿Para qué estoy?", martillean las preguntas tu cabeza desvalijada. No sabes quién es quién. Ni cuando dejaste de ser. El vacío retumba en el cerebro. Los recuerdos hacen aguas. La existencia se escapa de tu lado como una culebra que repta por el pasillo de casa. Fría, como la sonrisa de la hiena. Resbaladiza, como el tiempo.

"Es una mierda", sentenció el cantautor hablando de la vejez . "Que no te digan lo contrario", advirtió. En tu cabeza zozobrará la sombra del Peter Pan que nunca abandonó tu interior. Y la edad te dará un empujón. Como a Sabina, su voz. Como la inspiración, al escritor. Como el infinito de grises, al pintor. Como a ti, los besos de amor. El último empujón.

'El Comecocos'. Las Provincias. 23 de junio de 2018

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